Cerebro, Instrumento contra las Adicciones

El pasado miércoles 27 de mayo se realizó la conferencia “Cerebro, Instrumento contra las Adicciones”, evento organizado por Docentes Orientadores de Colombia, donde fui el conferenciante. El evento se transmitió por Zoom y Facebook.

Ver la conferencia completa en el siguiente enlace: https://www.facebook.com/108886774170073/videos/999590783772350/?modal=admin_todo_touro

Objetivo de la conferencia:
Mostrar una visión de la realidad de los comportamientos adictivos, buscando una mejor percepción del fenómeno.

Descripción de la conferencia:
Hacemos un recorrido desde la complejidad humana y sus dimensiones, a una descripción de los comportamientos adictivos, hasta llegar a la percepción de la evolución cerebral que ocurre en nosotros, entendiendo las posibilidades de enganche en las repeticiones y su posible paso al uso, abuso y adicción – dependencia. Ante las manifestaciones adictivas, nos queda la posibilidad de la prevención como alternativa para evitar o retrasar su aparición, o disminuir y detener cuando el fenómeno está siguiendo su curso.

La Paz y la Alegría están en nuestro Interior.

La paz y la alegría están en nuestro interior, no son producidas por sustancias externas a nosotros.

La esencia del niño es vivir en paz, alegría y en armonía, es su naturaleza permanente y su búsqueda.

Quizá por algunas circunstancias difíciles en nuestras vidas, aprendimos a dejar de sentir esas emociones fundamentales, en cambio nos acostumbramos al dolor, al aburrimiento, al sufrimiento, al rechazo y otros sentimientos desagradables. En medio del tedio y el sufrimiento anhelábamos algo de alegría o paz en nuestro interior.

Entonces aparecieron los que nos convencieron de vivir ratos agradables siempre y cuando introdujésemos en nuestro organismo sustancias psicoactivas. Así, la mayoría de consumidores iniciamos con el cigarrillo o el alcohol, de ahí pasamos a sustancias más duras.

En principio fue un flechazo, una revelación, nos encontramos con algo que habíamos anhelado y nos sorprendió; el goce producido por las primeras experiencias con los psicoactivos nos marcó para siempre, quizá fue trascendental para algunos, quedamos enganchados, flechados y nos enamoramos de las sustancias, las supervaloramos.

Seguimos así un camino de búsqueda fácil en medio del tedio y el sufrimiento dónde para evadirlo lo alternábamos con ratos de paz y alegría mientras consumíamos. En ese tránsito, encontrar algo mágicamente sin haber pagado el precio fue algo que tarde o temprano la vida nos lo cobraría. De la alegría adquirida mágicamente, pasamos al aumento del sufrimiento y más en la medida en que avanzábamos en el abuso y mucho más al acercamos y vivir en la adicción – dependencia. A algunos, nos quedaba allá al final del camino la calle, la clínica o el cementerio. Pero unos escogimos la recuperación.

En recuperación tomamos conciencia y aceptamos nuestra impotencia hacía lo que más hacíamos y preferíamos a pesar del daño nos hacía. Así empezamos a comprometernos con nuestra existencia, dejamos de consumir y aprendimos a vivir sánamente; centrándonos en nuestro interior, identificando nuestras áreas problemáticas, trabajando para mejorarlas y crecer como personas.

Los aprendizajes adquiridos en la adicción difícilmente se olvidan, en especial los del uso, los más gratificantes. Las circunstancias relacionadas con el consumo quedaron fijadas en nuestras memorias emocionales (personas, lugares, eventos y estados anímicos). La activación de los recuerdos placenteros de esas memorias se constituyen en nuestro mayor factor de riesgo y generalmente son los causantes de las recaídas. Estadísticamente tenemos más probabilidades de recaer que de mantenernos limpios.

Por las anteriores razones y muchas otras más, los consumidores y los que hemos padecido conductas problemáticas y adictivas, nos conviene aprender a sentir, vibrar, descubrir, retener y disfrutar de la paz y la alegría interior que residen en lo más profundo de nuestro ser.

Si creemos que no las tenemos (paz y alegría), que no las merecemos o que nunca las tuvimos, nos conviene actuar como sí las tuviésemos ya, aquí y ahora; si lo practico con fe, se volverá un reaprendizaje y se adquirirá . Tal como aprendimos a leer o a escribir, necesitamos tiempo para redescubrir y vivir en la paz y la alegría interna.

Si no estoy acostumbrado a dar un abrazo a mis seres queridos o me siento incómodo haciéndolo, con la práctica persistente se convertirá en actitud y hábito, y me llevará por aproximaciones sucesivas a experimentar sensaciones agradables como consecuencia de la acción consciente

Las dificultades que hemos tenido en nuestro organismo, más las influencias desagradables de nuestro entorno, han sido circunstancias propias de la Vida, que de una u otra forma nos pudieron haber llevado a interpretaciones que posiblemente hayan incidido en decisiones equivocadas. Nunca es tarde para aprender (particularmente considero que a eso vinimos a este planeta) y más para aprender del error.

Reaprender o volver a aprender del error requiere un esfuerzo inteligente y consciente, pero tomar decisiones diferentes, partiendo de la convicción adquirida en el reaprendizaje de lo erróneo requiere además de la inteligencia y conciencia, una voluntad sólida y sostenida en el tiempo.

A eso hay que apuntarle.

Disfrutemos de la Navidad y la Vida con nuestra mayor herencia existencial: sentir y vibrar en el amor, la paz y la alegría interior.

¡Limpios!

Colombia. Hoy 21 de noviembre de 2019

Hoy es un momento evolutivo emergente de unidad y cooperación.

Hoy es un momento de emergencia social sin caudillos que jalonan, es la base poblacional quien se está levantando para decir ¡No más!.

En Barranquilla, 8:30 a.m.

¡No más! a un sistema basado en el usufructo, el robo, el saqueo de los recursos por una élite que mantiene el sistema y de esa manera se ha proporcionado así misma demasiado poder. Un poder adictivo, que se perpetúa en el querer más, más y más; que ha sobrepasado límites y ha avasallado las bases sociales que lo sustentan, contradiciendo la dinámica existencial.

La Vida funciona por asociación y acuerdos entre sus partes diferentes en pro de su unificación.

Poner de acuerdo a la gran comunidad celular de unos 37.2 billones de células que conforman nuestro organismo con todas sus diferencias es complejo, más sin embargo tu organismo y el mío funcionan por la asociación de la diversidad de sistemas, tejidos y células diferentes.

No es sólo un clamor colombiano que hoy está saliendo a las calles, es un grito latinoamericano. Quizá otros países con mayor respeto a la vida misma se están levantando. Ahora nos toca el turno a nosotros, donde el respeto a la vida misma se ha ido perdiendo hace rato.

¡Por la Dignidad y él Respeto a la Vida salimos a las calles!

Así como las hormigas y las células construyen sus organizaciones sociales desde sus encuentros, desde el contacto tú a tú; así mismo los humanos nos encontramos y emergemos en las calles y en las plazas públicas; ahí nos retroalimentamos, nos controlamos, nos planificamos y nos decidimos.

Hoy es un día de encuentro, de unidad y de asociación, con el único propósito de rechazar los desajustes del sistema en el que nos hallamos inmersos, desajustes basados en el poder egocéntrico que excluye y se apropia de los excedentes y los recursos.

¡No toleramos más muertes, robos, saqueos y corrupción para seguirse perpetuando en el poder sociopático adquirido¡

A las 12:10 p.m., al paso de Murillo con Olaya Herrera. Carrera 45 con calle 46. Multitudinaria, en calma, a la altura.

Conductas de Desarrollo con Potencial Adictivo

Los comportamientos adictivos pueden surgir de conductas placenteras que permiten el desarrollo del organismo supliendo sus necesidades.

Tener hambre y comer es una conducta placentera que ayuda a alimentarme y como tal a desarrollarme y sobrevivir, pero tiene implícito un potencial adictivo cuando la satisfacción del placer de saborear e ingerir se convierte en necesidad, aumenta y me extralimito.

Las relaciones sexuales, además de proporcionar placer, ayudan a integrar la vida en pareja y facilitar la extensión de la especie, pero tiene implícito un potencial adictivo cuando la satisfacción del placer se convierte en una necesidad del organismo, se incrementa, extralimita, infringe en la libertad de otros y se convierte en conductas problemáticas.

Los celulares nos facilitan la vida, nos permiten buscar información y comunicarnos más rápidamente, posibilitando el desarrollo personal y social. Las emociones y los placeres generados en la interacción con nuestros celulares en: la posibilidad de ganar en los juegos, las expectativas en las redes de respuestas a nuestros comentarios, las posibles proyecciones de nuestras producciones en los demás, la repetición de producciones de otros con la expectativa de reconocimiento por los demás, los likes, 👍, la producción o repetición de contenidos románticos o pasionales y la posibilidad de distracción, recreación o relajación después de eventos agotadores, frustrantes o traumáticos; todos estos comportamientos producidos desde la interacción con un celular o un computador donde el vínculo con el mundo a través de las redes es inmediato, corren el riesgo de convertir conductas de desarrollo en conductas repetitivas, reforzadas y con gran potencial adictivo.

Es posible detectar la implicación de posibles adicciones cuando los grados de gratificación producidos en los celulares o computadores tienden a ser más prioritarios que los habituales. Igual sucede con las demás tendencias adictivas.

Cuando el placer producido por la interacción tu a tu, frente a frente, de presencia a presencia, con todos las posibilidades de vinculación que nos proporcionan los seres que amamos es reemplazado, escalado o sobrepasado por el placer producido en la interacción con celulares y computadores; es un indicio para la revisión y reflexión de nuestros grados de valoración en nuestras gratificaciones.

La no revisión de los cambios en nuestros umbrales y escalas gratificantes, el no ser conscientes de nuestras conductas en relación a nuestros objetos de deseo, puede llevar a la sobreidentificación con lo otro, y al olvido de sí mismo.

Cuando me olvido de mí mismo, de las relaciones conmigo y con los demás significativos debido a la sobreidentificación y magnificación de lo otro productor de placer, estamos ante el riesgo de instauración de conductas adictivas, con las probabilidades de estar vivos biológicamente pero muertos o retrasados en el desarrollo psicodocial.

Emociones y Sentimientos

Definitivamente, las emociones y los sentimientos son algo complejo de manejar. Pertenecen a la vida y sobre todo a esa parte de la existencia caracterizada por la incertidumbre.

Las emociones agradables como que tienden a elevar el concepto o estima propio, mientras que las desagradables tienden a bajarlo.

Las emociones serían algo así como las valoraciones iniciales o primarias que damos a los sucesos con los que entramos en contacto. Internamente codificamos los sucesos de acuerdo a las posibilidades de que estos nos acerquen a la vida o nos alejen de ella.

Un suceso que el organismo consideraría agradable, estaría compuesto por todas las circunstancias presentes en el momento en que se sucede el mismo y que internamente valoramos como propiciador o facilitador de vida o de bien estar.

Lo contrario, el organismo consideraría como desagradable aquel suceso que le acerque a la muerte, que le reste vida, lo ponga en una situación de desventaja, o lo valore como no seguro o como brega.

Aquellas situaciones que nos acerquen a la muerte, el organismo de manera inconsciente buscará la forma de resolverlo, ya sea afrontando, huyendo o camuflándose. Así resuelven sus situaciones los animales.

Pero nosotros los humanos seguimos teniendo esos impulsos primarios de supervivencia, más las tendencias emotivas que son más elaboradas que los impulsos o instintos, pero que siguen la misma línea de supervivencia. A esas tendencias heredadas de la evolución, agregamos ahora los aprendizajes y creencias culturales que nos dan pautas para vivir.

Las emociones agradables nos permiten valorar a través del placer, el suceso que las produce como facilitador de vida y eso nos lleva a querer seguir viviéndolo o repitiéndolo en una próxima ocasión. Culturalmente, lo seguro, lo certero, lo normal, lo que hacen los demás, pertenecer a algo, posiblemente lo valoremos como anclaje a la vida.

Mientras que las emociones o sentimientos desagradables valoran a través del placer inverso, displacer o brega, aquellos sucesos que las produce, como que nos alejan de la vida. Y de esa manera a través de la ira, la tristeza, el desagrado, el dolor, la brega y muchas otras, el organismo buscará evadirlo. Con el aprendizaje cultural, la incertidumbre, la soledad, lo anormal, lo diferente, el no pertenecer, posiblemente lo valoremos como peligroso para nuestra vida.

Resulta que los humanos tenemos conciencia de nosotros mismos y de lo que está fuera de nosotros, en ese sentido somos más que emociones, somos inteligencia. Y la inteligencia nos permite comparar, analizar, someter a juicio y razonar, y dentro de esos ejercicios inteligentes podemos incluir a nuestras emociones y sentimientos.

Cuando hay algo afuera que me lleva a sentir internamente de una manera. Sería conveniente preguntarme: ¿Qué hace que me sienta como me estoy sintiendo? Y no contentarme sólo con la respuesta de lo que sucede o está sucediendo afuera, sino observar lo que pasa dentro, sus relaciones y correspondencia.

Observar lo que pasa dentro, es de una u otra forma captar lo que me está sucediendo en el momento y compararlo con otros momentos que he sentido lo mismo o parecido y analizarlo. Analizar por asociación y por oposición. Si tengo la suficiente auto-observación, posiblemente descubra los mecanismos internos que propician un estado anímico ante situaciones externas. Observar que tipo de valoración o mecanismo interno hace que me suba o me baje. Si observamos nuestra historia de vida, nos damos cuenta que aquellos sucesos que nos provocaban desasosiego en la infancia, nos causó risa en la adolescencia; y lo que nos quitaba el sueño en la adolescencia, lo toleramos en la vida adulta.

Vivimos más dentro de nosotros mismos que afuera.

Adentro están las respuestas.

La Vida, el mejor regalo

El mejor regalo es despertar y sentir que pertenecemos a la Vida, que estamos anclados en ella, que estamos vivos.

Pertenecer a la Vida se constituye en nuestra más grande herencia, nuestro mejor derecho y nuestro mayor sentido de pertenencia.  Muy por encima de pertenecer a una familia, a un grupo o a una comunidad.

Pertenecer a la Vida es tener la certeza de ser parido por ella.  Más que hijos de padres, somos hijos de la Vida, esta se vale de los padres.  Los padres reptiles sólo procrean y transmiten la información genética para que los hijos solos y por sí mismos sean acogidos por la Vida y aprendan a afrontar sus diversidades.  Los padres mamíferos, como nosotros los humanos, nos permitimos más tiempo con nuestros hijos, permitiéndoles la consolidación de su aprendizaje social como herramienta fundamental evolutiva, que se complementa con el aprendizaje genético procurando proyecciones más organizadas y de mayor alcance.

Amanecer vivos es proyectarnos con la posibilidad de soñar, reír, bailar, cantar, jugar, besar, amar y hacer lo que se nos venga en gana, siempre y cuando comprendamos y tengamos presente no perjudicar a otros ni a nosotros mismos y mucho menos a nuestra madre, la Vida misma.

Pertenecer a la Vida es aceptar la totalidad, entendiendo que está tiene momentos agradables y desagradables.  Aceptar la Vida es aprender a convivir con lo desagradable, aceptándolo como parte de nuestra experiencia, entendiendo que vivirlo nos permite nuevos y diversos aprendizajes, que aceptados nos dan una visión diferente y diversa que transforma nuestro sentido existencial, permitiéndonos transformar la valoración de lo desagradable.

Emergencia

El gran milagro de la Vida radica en su emergencia.  El surgimiento de lo simple a múltiples diversidades más y más complejas.  Diversidades que se relacionan, se entrelazan y se vinculan enriqueciéndose y permitiéndose entre sí la creación de nuevas formas que se transforman, evolucionan, se mantienen en inercia e involucionan, conformando así el gran concierto universal.

Así como en la Vida afuera tiene todas esas características emergentes, también sucede lo mismo en nuestra Vida dentro, y sólo nosotros somos responsables de permitir su evolución, involución o inercia.  Si bien es cierto que las condiciones medio ambientales inciden en nuestro estados interiores, también lo es la capacidad resiliente que poseemos de afrontar situaciones adversas, aprender de las mismas y erigirnos como humanos que ganamos en dignidad, amor propio y crecimiento personal dispuestos al afrontamiento de mayores retos.

Cada quien tiene su propia filosofía de vivir, su manera de anclarse y adaptarse a la Vida y dar una dirección a su existencia.  Nuestros actos, pensamientos y sentimientos, de una u otra forma están permeados por esa filosofía particular en proceso de evolución continua.  Por ser un proceso evolutivo, tiene que ver con el crecimiento y el aprendizaje.

La Vida, por ser multidimensional, sistémica y compleja, implica que los aprendizajes están sujetos al ensayo – error.  Si nuestros actos en la interacción dan el resultado esperado, todo bien; pero si erramos, querer aprender nos lleva a volver a ensayar, en un continuo ensayo – error – ensayo – error hasta dar en el blanco.  La gran oportunidad del aprendizaje en la equivocación radica en que fortalece nuestro sentido existencial, preparándonos a través de esfuerzos autónomos y conscientes para existencias más adaptativas.

Así funciona la Vida, así ha permitido que los organismos evolucionen a través de su permanente interrelación e interdependencia consigo mismo, con otras filosofías de vida y con sus diversos contextos.  De ese aprendizaje existencial surge el poder y la fuerza interior que nos lleva a sobrevivir, a anclarnos a la Vida y aspirar a formas más elevadas de existencia.

Más que seres de carne y hueso, somos energía, fuerza y poder interior que movilizamos nuestros organismos en el gran escenario de la Vida tras la búsqueda de múltiples propósitos guiados por nuestro sentido existencial.

Asuntos pendientes, Gratitud y Dependencias.

Todo acto tiene: origen, el acto en sí y las consecuencias del mismo; además, está enmarcado en un contexto.

Usar un cuchillo tiene su origen en la necesidad de usarlo, el acto en sí es el corte de lo haya que cortar y las consecuencias son diversas: para la persona que lo usa tendrá la satisfacción de su necesidad; pero, como ese acto está enmarcado dentro de un contexto, la acción tendrá también consecuencias en el mismo.  Así: si el cuchillo es de la empresa donde trabajo y me limito a usar el cuchillo y simplemente satisfacer mi necesidad, es posible que deje el cuchillo sucio y en un sitio diferente a donde lo encontré.  Si el encargado de cocina de la empresa se da cuenta que violaron su orden, es muy factible que me llamen la atención y tenga consecuencias depronto no agradables para mí.  O, si el encargado de cocina permite que yo y los demás usemos sus utensilios y él se limite a organizar el desorden que los demás dejamos, ya esa es otra cosa; el encargado de cocina con su actitud nos está diciendo: usen y hagan lo que les de la gana, que yo estoy aquí para cerrar el ciclo que ustedes no cierran por ustedes mismos.  Eso me puede llevar a mí a pensar y a actuar cada vez más de maneras perezosas, erróneas y acomodadas.  “Si hay alguien que haga las cosas por mi, entonces, que ese otro las haga”.  Termino yo utilizando al otro, ya que ese otro se deja utilizar. Hasta tanto se de cuenta y cambie su actitud y así posiblemente cambiemos los demás.

Los asuntos pendientes, son aquellas acciones que empezamos pero no cerramos.  Las dejamos a media marcha.  Estar haciendo algo, sabiendo que tengo otros asuntos pendientes divide la atención y la conciencia, no estoy plenamente ni en lo uno ni en lo otro.  Eso puede ocasionar estrés, angustia, culpa y desesperación, y lo peor, ocasionar desordenes psicosomáticos (dificultades que tienen su origen en nuestros comportamientos, en nuestras maneras de sentir, de pensar y de actuar); las costumbres indebidas en nuestra mente por asuntos no resueltos o pendientes nos pueden llevar a enfermedades en nuestro organismo.

Un asunto puede quedar pendiente si la acción no cierra el ciclo, si se limita sólo al contexto personal sin tener en cuenta al entorno social donde nos encontramos.

Gratitud es aquella actitud donde realizo acciones que me permiten satisfacer mis necesidades, pero cierro el ciclo dejando las cosas como las encontré, o adjuntando un valor agregado: dando algo a cambio por el favor recibido, unas gracias, un regalo de agradecimiento y tanto más si las dejo mejor de lo que las encontré. Gratitud es valorar desde mi interdependencia lo que los demás aportan a mi desarrollo.  Lo contrario sería egocentrismo: sólo me intereso en lo mío hasta donde lo necesito, lo que no necesito, no me interesa, ya eso no es asunto mío, que otro lo resuelva.

El amor es como una mezcla de afecto y responsabilidad.  Afecto cuando se satisfacen las necesidades del otro hasta tanto él aprenda a satisfacerlas por sí mismo.  Responsabilidad cuando se le enseña al otro a valerse por sí mismo y exigencia cuando se es congruente con la enseñanza y se realizan acciones para que el otro se asuma a sí mismo desde sus condiciones, descubra sus cualidades y las potencie.

Cuando el amante sólo da amor afectivo y niega el amor responsable, crea una relación de dependencia: mi amor por tí es tan grande, que prefiero hacer lo que tú tengas que hacer por tí para protegerte, incluidas las consecuencias negativas de tus actos si te son adversas, o quizá para que cuando yo no me pueda valer por mí, tu te hagas cargo de mi.  A su vez, el receptor del amor termina cerrando ciclos hasta su satisfacción personal y la responsabilidad social se la deja a su protector.  Esta actitud de dependencia cuando se convierte en hábito, puede llevar al receptor a un aprendizaje existencial erróneo, puede considerar que así como lo trata su protector, lo tratarán los demás en la vida real.  Eso crea frustraciones chocantes con la vida y corta las alas.

Enseñanza

Un educador además de dar afecto enseñará con responsabilidad, capacitará con el objetivo de lograr que el niño – receptor se transforme en adulto – dador, capaz de asumirse a sí mismo, desde sí mismo y para sí mismo en la incertidumbre interdependiente de la vida y aprenda que sus intereses son tan valiosos como los de los demás y que sólo a través de esa aceptación pueda desarrollar una identidad sana que le permita comprometerse en responsabilidad social y acercarse a la generosidad trascendente donde el dar es independiente del recibir.

Cartilla: Guía para Proceso Inicial de Superación de las Adicciones.

Con la presente guía pretendemos mostrar la realidad de los
comportamientos adictivos desde una óptica científica, buscando en el
lector una mejor percepción del fenómeno; y por otro lado, llevar a quien
la está viviendo, a un proceso de autopercepción, reconocimiento,
aceptación y conciencia de su dificultad; que le permita contemplar,
determinarse y posibilitar acciones de cambio.

Abordamos en un primer capítulo los conceptos básicos para entender los
comportamientos adictivos, los elementos neurales implicados, algunas
características y el proceso que se va gestando hasta llegar a las
adicciones – dependencias. Mientras que en un segundo capítulo
afrontamos los patrones comportamentales y los trastornos relacionados
con los comportamientos adictivos, hasta llegar a mostrar la necesidad de
tratamiento para superarlos.

DAZA F. Guía para proceso inicial de superación de las Adicciones.

Confianza

Introducción.

 Abordamos la confianza como la primera etapa en el desarrollo psicosocial del individuo, donde se establecen las bases de su estructura dinámica de la interrelación de lo exterior – objetivo con lo interior – subjetivo en el organismo mismo.  Este ensayo hace énfasis en la necesidad de los cuidados en el embarazo y los primeros años como condición para la construcción de constituciones más estables en el futuro niño – adolescente – adulto; muestra la manera continua en que se construye la confianza a través de los vínculos de los demás hacia uno, de uno hacía los demás, que lo va llevando a la correspondencia, relación o trato de uno consigo mismo.  Distingue la autopercepción, autoconcepto y autoestima como componentes de la confianza.  Muestra la necesidad de afinar nuestros sentidos internos para el trabajo de superación de las dificultades en la confianza y en nuestro mundo interior; para finalmente contemplar a la autopercepción, la inteligencia, la aceptación y la voluntad como herramientas fundamentales para su progreso; insistiendo en la necesidad de percibir los procesos existenciales desde la interacción con los demás, con uno y con la vida misma.

 

Personalidad y Confianza.

Personalidad.

La Personalidad sería la manera propia de ser de cada individuo, entendiéndola como el conjunto de actitudes, tendencias y comportamientos, o modos habituales de sentir, pensar y actuar que caracterizan a una persona y permiten distinguirla de las demás como un ser único e irrepetible.  La Personalidad parece estar determinada por factores tanto hereditarios como ambientales, la genética y el entorno interactúan para modelar al individuo.

Los Factores Hereditarios constituyen la base biológica de la personalidad, proporcionan una constitución física y una dotación genética, mediante las cuales los organismos se permiten adaptar al mundo tal como lo aprendieron sus antepasados; estos factores tienden a ser innatos, permanentes, reactivos e inconscientes.

Los Factores Ambientales proporcionan los elementos que rodean al individuo, el organismo los percibe a través de sus sentidos como estímulos, los interpreta y a partir de ahí determinará las formas de relacionarse con ellos permitiéndole adaptarse a los mismos.  Estos factores externos en términos generales serían: espacio, cosas, organismos, personas, familia, vecindario, escuela, barrio, cultura, país, sistema económico social imperante, el mundo y el cosmos en general.  La calidad de la relación del individuo con estos elementos ambientales externos y consigo mismo, crean en su interior maneras de percepción, interpretación, aprendizaje y adaptación; estos estilos de proceder conformarían la parte dinámica de nuestra personalidad, sujeta tanto a los cambios medioambientales, como a los internos propios de la persona.

Teoría del Desarrollo Psicosocial.

Erik Erikson en su Teoría del Desarrollo Psicosocial considera que los seres humanos en la dinámica existencial atravesamos ocho etapas a lo largo de nuestra historia de vida, que están sujetos a crisis o conflictos que tenemos que enfrentar, resolver y superar.  La calidad del afrontamiento y su progreso, podría indicarnos el grado de desarrollo, madurez y plenitud alcanzado.  Los ocho lapsos o crisis que atravesamos, si las superamos, nos permitirán adquirir de manera secuencial: Confianza, Autonomía, Iniciativa, Laboriosidad, Identidad, Intimidad, Generatividad e Integración.  Abajo cuadro explicativo del desarrollo de la personalidad, mostrando cómo cada una de las primeras etapas apunta a la búsqueda de la identidad, mismidad o del yo que se inicia en la adolescencia, mientras que en las siguientes busca su consolidación e integración.

Ciclo desarrollo Erikson

Erickson utiliza el concepto de Identidad para referirse a: “una mismidad persistente dentro de uno mismo (automismidad) y una coparticipación persistente de otros de algún tipo de carácter esencial”, en la misma página se explica además las connotaciones que tiene la identidad: “En un determinado momento, pues, parecerá referirse a una sensación consciente de identidad individual; en otro, a un esfuerzo inconsciente por lograr una continuidad del carácter personal; en un tercer momento, parecerá un criterio para la realización silenciosa de la síntesis del yo; y finalmente el mantenimiento de una solidaridad interna con los ideales y la identidad de un grupo.” 1 ERIKSON E. (1959).

Confianza Básica vs. Desconfianza Básica.

Eric Erickson considera que la crisis de la confianza básica vs. la desconfianza básica se da en la primera infancia y la reconoce como primer componente y fundamento para las siguientes etapas del desarrollo psicosocial evolutivo humano.  Consiste la confianza en una actitud hacia uno mismo, hacia los demás y hacia el mundo, que proviene de las experiencias prenatales y del primer año de vida; confianza básica implica que aprendemos a confiar en la identidad y continuidad de los seres cercanos y de ahí aprendemos a confiar en nosotros y en el mundo.  La confianza sería la plataforma de inicio del sentimiento de identidad, cuando sentimos que todo anda bien, de ser uno mismo, la sensación de estar llegando a ser lo que otras personas esperan que uno sea.  Durante el primer año el bebé desarrollará la confianza básica como creencia en la amabilidad de los que le rodean si estos son predecibles y afectuosos con él y los demás; en caso contrario se desarrollará la desconfianza básica con la sensación de que el medio ambiente le es adverso y desagradable.

Son significativas las sensaciones provocadas por lo cercano en la conformación de la confianza básica: la ubicación del propio cuerpo en el espacio intrauterino crea el sentido de pertenencia a su madre, su tacto, su olor, su gusto y posiblemente su escucha y visión; después del nacimiento la continuidad del sentido de pertenencia y afecto materno lo constituye el contacto básico de los dos cuerpos que continúan integrados a través de la cercanía, el amamantamiento, el sostenimiento, las caricias, los toques, las presiones, los besos, el olor y el sabor, el movimiento e interacción de su cuerpo contra el de mamá, más los cuidados y la satisfacción de necesidades básicas que esta proporciona; para después ir ampliando ese sentido de pertenecer con la proximidad de otros cuerpos (papá, hermanos y otros familiares), junto con la exploración, el toque y agarre de lo próximo.  La percepción del afecto, la integración y la pertenencia tan básicos en la confianza básica están en relación directa con lo cercano, lo tocable, lo oliente, lo gustable y la sensación del propio cuerpo.  Sobre estos sentidos primarios captadores de lo cercano construimos nuestros primeros puntos de referencia que aportarán a nuestra manera de conocer el mundo; visión y audición siguen después, nos ayudan a percibir lo lejano y requieren de procesos cerebrales más complejos.

 

Confianza.

Web

Sinónimos de confianza: esperanza, fe, seguridad, optimismo, motivación, creencia, certidumbre, certeza, convicción, libertad, tranquilidad, serenidad, entereza, calma, ánimo, aliento, decisión, moral, entusiasmo, satisfacción, protección, cuidado, preferencia, familiaridad, amistad, cordialidad, confidencia.

En sus inicios el organismo humano es plenamente receptor y dependiente.  Únicamente tiene inteligencia perceptiva; sólo recibe y absorbe información que le servirá para construir sus primeros puntos de referencia.  Pero también es dependiente como embrión del organismo materno quien le provee de todo lo necesario para sobrevivir; siguiendo la dependencia hacía mamá como infante al proporcionarle su leche, el alimento preparado, sus cuidados, la satisfacción de sus necesidades básicas y el suministro psicológico del afecto, la seguridad, el amor y la continuidad de todos estos.  La eficacia de la información recibida a través de la dependencia materna o una sustituta determinará el que supere esta etapa, adquiera la confianza básica y consiga elementos de referencia internos que le permitan confiar más adelante en los demás, en sí mismo y en la vida misma.  Estas primeras experiencias significativas del bebé proveen los fundamentos o soportes de la estructura de su personalidad.  La calidad de la relación del organismo naciente con su figura materna es clave en esta etapa; de ahí la gran responsabilidad existencial de las madres y los padres durante el embarazo y los primeros años de vida.

María Luisa Becerra, nos dice: “He vivido las dos imágenes de un recién nacido:      Algunas veces se presentaba ante mis ojos expectantes la dulce imagen de un bebé nacido sin violencia, deseado independientemente de su sexo, amado, con su padre presente.  Cuando eso sucedía, un impulso me hacía salir de la sala, sentía que estaba invadiendo la intimidad de la familia.  Permitíamos entonces que disfrutaran de su lazo afectivo en presencia de su inocente sexualidad.  Eran realmente vivencias de éxtasis.  Salía de aquellos partos con tal vitalidad que por muy cansada que estuviera, no podía dormir.      Otras veces me encontraba con un bebé crispado de dolor, miedo y angustia, que llora desesperadamente con todo su cuerpo encogido, con los ojos y los puños cerrados, con una actitud de: ‘!Qué doloroso es vivir¡’, ‘!La vida me hace daño¡’, ‘!Después del placer, viene el dolor¡’, ‘!No quiero estar aquí¡’, ‘!Para recibir amor tengo que sufrir¡’, ‘!Soy malo, hago daño¡’, ‘!Para vivir tengo que morir¡’, ‘!No me comprenden¡’, ‘!Estoy separado¡’, ‘!Están contra mí¡’, ‘!No hay suficiente amor para mí¡’.” 2 BECERRA M. (2015).

Así María Luisa nos relata la importancia de las vivencias del nacimiento y la forma cómo influyen en nuestra vida en la conformación de la confianza básica, también nos recuerda que todos los seres humanos de una u otra forma enfrentamos dificultades en las que nos toca asumir su superación.  Más abajo en el mismo capítulo nos enseña algunas afirmaciones que pueden ayudarnos a enfrentar como adultos algunas dificultades del trauma natal así:

“Afirmaciones:      Yo, ________, agradezco mi nacimiento perfecto.      Para mí, ________, después del placer, viene el placer.      Para mí, ________, es seguro manifestarme.      Cuanto más me expongo, más amor recibo.      Respirar es vivir.      Yo, ________, merezco la vida.      Yo, ________, hago mis salidas fácil y placenteramente.      Para mí, ________, es seguro dejar partir el control.      Yo, ________, decido estar aquí.      La fuerza de mi amor es inocente.      Yo, ________, soy inocente.      Yo, ________, me perdono por pensar que para vivir, hago daño al ser que amo.      Yo, ________, soy mi propio/a maestro/a.      Yo, ________, merezco amor.” 3 BECERRA M. (2015).

Iniciada la confianza básica con las experiencias prenatales y de la primera infancia, la confianza sigue desarrollándose a lo largo de nuestra vida, en ocasiones ampliándose como en otras reduciéndose, deteniéndose o sometiéndose, dependiendo de la manera en que nos relacionamos y respondemos a las diversas situaciones que nos presenta la vida.  En la infancia, en la edad del juego y después en la edad escolar, la confianza se despliega a través del reconocimiento que hacen las personas significativas de su ser; de sus logros, frustraciones y pérdidas, lo mismo que de sus atributos y debilidades.  Bruce Lipton indica: “No son las hormonas ni los neurotransmisores producidos por los genes los que controlan nuestro cuerpo y nuestra mente; son nuestras creencias las que controlan nuestro cuerpo, nuestra mente y, por tanto, nuestra vida…” 4 LIPTON B. (2006).   Después expone: “Los niños pequeños observan con detenimiento su entorno y almacenan los conocimientos que les ofrecen sus padres en la memoria subconsciente. Como resultado, el comportamiento y las creencias de sus padres se convierten en las suyas.” 5 LIPTON B. (2006).  Más adelante señala: “Dada la precisión de este sistema de almacenamiento de conductas, imagina las consecuencias que tiene que un padre le llame a su hijo «niño estúpido», o que le diga «no te mereces nada», «no vales nada», «nunca deberías haber nacido» o «eres una persona débil y enfermiza».  Cuando los padres desconsiderados o poco afectuosos transmiten estos mensajes a sus hijos pequeños, sin duda no son conscientes de que semejantes comentarios se almacenarán en la memoria subconsciente del niño como «verdades» absolutas, de la misma forma que los bits y los bytes se almacenan en el disco duro de tu ordenador personal.  Durante las primeras etapas del desarrollo, la conciencia de los niños no ha evolucionado lo suficiente como para discernir que esos comentarios de sus progenitores no son más que estallidos verbales y no necesariamente verdaderas características de su ser.  Una vez almacenados en el subconsciente, no obstante, los abusos verbales se convierten en «verdades» que moldean de forma inadvertida el comportamiento y el potencial del niño a lo largo de toda su vida.” 6 LIPTON B. (2006).

Vimos la gran importancia que tienen el sentido cenestésico (del manejo del cuerpo) y el tacto en la conformación de la confianza básica; ahora, estos sentidos se siguen desarrollando en el niño en la edad de la exploración a través del juego de manera autónoma, permitiéndole la consolidación de su confianza; jugando y corriendo el niño se vuelve hábil en el manejo de su propio cuerpo y a la vez aprende formas corporales de relación con sus pares y su entorno; aquí juega un gran papel la actitud de los padres o cuidadores al enfrentar la siguiente dualidad que tienen que resolver: ¿Hasta dónde cuido a mi hijo para evitar que se haga daño? o ¿Hasta dónde permito que él desde sí y por sí mismo explore, se desarrolle y corra sus propios riesgos?; padres poco protectores pueden correr el riesgo de daños en la integridad de sus hijos afectando su confianza; mientras que padres demasiado protectores posiblemente impidan su normal desarrollo también en detrimento de la confianza; ambos extremos serían perjudiciales, los padres en su sabiduría han de aprender a encontrar esos términos medios que permiten el desarrollo progresivo disminuyendo sus riesgos; de una u otra forma también aprendemos a internalizar los miedos y los atrevimientos de nuestros cuidadores.  Así como un niño disfruta aprendiendo de los avances y logros que va teniendo en el manejo de su cuerpo y de lo que manipula o manosea; también aprende de sus desaciertos, caídas, golpes, chichones, raspaduras o cortadas, estos le enseñarán por donde ir y por donde no, o, por donde volver a ir de nuevo las veces que sean necesarias hasta adquirir la habilidad y el manejo precisos.  Cuando un bebé repite un comportamiento, lo que hace es aprender una habilidad, hasta que la adquiere.

La confianza también puede verse afectada por las situaciones traumáticas que podamos vivir en cualquier momento de nuestra vida como accidentes, pérdidas o abusos.  Las pérdidas suceden  ante la eliminación de partes de nuestro cuerpo, ausencia de un ser querido por muerte o separación, detrimento en la salud, baja laboral o económica, cambio de domicilio o extravío de cosas preciadas, entre otros; que lleva a un proceso normal de duelo que dependiendo de la gravedad sigue la siguiente secuencia: negación, ira, negociación, depresión y aceptación; al llegar a esta última fase la persona asume la pérdida como un suceso en su historia que le dejó algún aprendizaje, que ya pasó y que debe seguir su vida.

En cuanto al abuso, este implica el uso injusto e indebido de algo o de alguien a través del poder; se da en diferentes ámbitos como el familiar, escolar, laboral, social, económico o político; donde quien detenta el poder somete a quienes están en condiciones inferiores a la realización de acciones en contra de su voluntad, representando un beneficio para el abusador.  Dentro de los mecanismos de abuso del poder encontramos desde formas inteligentes, sutiles, flexibles, que no se dejan ver como la astucia, la seducción y el engaño, hasta maneras evidentes como la represión, las amenazas físicas, verbales o psicológicas, las sexuales y la violencia.  Con respecto al abuso sexual, “Mujeres para la Salud” en su informe nos comenta en algunos apartes: “El abuso sexual es otra forma de abuso de poder, la peor de todas, especialmente cuando se manifiesta sobre niñas y adolescentes.  Un abuso de poder que marcará su vida, especialmente cuando el abuso se convierte en violación.  El abusador/violador se refugia en el secreto, que le protege y le permite repetir la misma actuación con otras niñas de su familia.  Porque aunque sea descubierto por algún otro miembro de la unidad familiar, el hecho de hacerlo público es tan espantoso que generalmente callan para proteger la imagen de la familia.  Esta ley del silencio agudiza los efectos y las consecuencias que la víctima sufrirá durante gran parte de su vida.  Por eso es tan importante que hablemos de la existencia de los abusos sexuales y los reconozcamos como un problema social que hay que abordar.      Las familias incestuosas mantienen una ley del silencio tan férrea como la mafia.  Si surge alguna mujer lo suficientemente valiente como para hablar de ello, generalmente descubrirá que otras mujeres de su familia también han sido abusadas y chocará contra la negación a hablar de ello fuera del seno familiar.” 7 MUJERES PARA LA SALUD. (2006); después revela los efectos devastadores en la confianza cuando el abusador es el mismo padre: “Los peores efectos se presentan cuando es el padre el abusador, porque en ese caso la niña además pierde la confianza en el ser que debe protegerla y que representa su seguridad. Estas niñas se quedan indefensas frente al mundo masculino porque mezclan el sexo con el afecto, con el cuidado, el poder y el cariño. Y todo esto en secreto.” 8 MUJERES PARA LA SALUD. (2006).  Al final del informe, en la “Carta Reclamación de sus derechos” encontramos el siguiente manifiesto: “Nosotras, un grupo de mujeres que han sufrido la experiencia del incesto, deseamos compartir con otras mujeres el proceso de concienciación y superación de esta experiencia a partir de nosotras mismas.      Por lo que entendemos que el incesto es un hecho mezquino y cruel que hiere grave y dolorosamente nuestro yo más íntimo dejándonos terribles secuelas en nuestra vida.      Por lo que tal experiencia nos ha provocado un gran sufrimiento y sentimiento de culpabilidad, de rechazo hacia los demás y hacia nosotras mismas.      Nos ha creado además un fuerte sentimiento de inseguridad, de desconfianza, de miedo y de odio. El incesto ha afectado a todas las facetas de nuestra vida: nos ha creado enfermedades físicas y psíquicas y ha contribuido a que nuestras relaciones afectivas y personales (amistades, familia, compañeros, hijas/hijos, etc.) sean conflictivas o poco duraderas.      Por lo que denunciamos y repudiamos con todas nuestras fuerzas estos hechos por considerarlos una experiencia violenta, traumática y egoísta.      Que gracias a poder reunirnos, hablarlo, compartirlo, llorarlo y procesarlo juntas hemos logrado darnos cuenta de:      – Que se puede superar       – Que no somos culpables       – Que podemos expulsarlo de nuestras vidas       – Que ni somos ni estamos sucias.      Y que todas unidas hemos sacado la fuerza necesaria para liberarnos, verbalizarlo y así desdramatizarlo.  Por lo que rogamos a otras mujeres que se atrevan a romper las cadenas y salgan de la prisión en la que nuestro gran secreto nos ha tenido inmovilizadas. Para lograrlo, para liberarnos, tenemos que estar acompañadas por otras mujeres, compañeras de dolor, y así juntas, sintiéndonos que escuchas y que eres escuchada, que comprendes y que eres comprendida, que aceptas y eres aceptada, que respetas y eres respetada, encontrarás la armonía y la paz dentro de ti y alcanzarás la LIBERTAD POR LO TANTO ¡DENUNCIA LOS ABUSOS SEXUALES! BUSCA AYUDA EN UN/A AMIGO/A, UN PROFESIONAL, CENTRO, ETC.      ¡NO TE CALLES, NI LO ESCONDAS COMO UN PECADO O COMO ALGO DE LO QUE TENGAS QUE AVERGONZARTE!” 9 MUJERES PARA LA SALUD. (2006).

Construcción de la confianza.

La Construcción de la confianza estará mediada por las relaciones interpersonales de las siguientes maneras:  1. En primera instancia, en la confianza básica, esta se adquiere a través de las impresiones recibidas por el niño acerca de lo que los demás perciben, valoran y sienten de él.  2. En segunda instancia, se sigue alcanzando a través de la imitación, donde el niño repite lo que ve hacer a los demás, así continúa su desarrollo por lo que el niño percibe, valora y siente hacía los demás; aquí va a sentir atracción hacía quienes le protegen y estiman, pero sentirá rechazo hacía quienes lo desvaloran y excluyen.  3. De la conjugación de las dos condiciones anteriores, percepción e imitación primarias, se conformará la autoconfianza, que es la capacidad de confiar en sí mismo, en los recursos propios, en los demás y en la vida misma; donde se mirará o percibirá, se pensará o valorará y se amará o estimará así mismo de una u otra forma en función de las 2 primeras instancias; si estas han sido atrayentes, interesantes o significativas y van a favor del desarrollo personal, esta se proyectará optimista, esperanzadora y dará un piso de seguridad; si estas han ido en contravía al desarrollo personal, se estará gestando una desconfianza, el individuo se tornaría pesimista, desesperanzado e inseguro, en ocasiones esta fragilidad le llevará a montar mecanismos para su adaptación.

 

Componentes de la Confianza.

Así como nuestra dimensión psicológica, nuestro interior o nuestra subjetividad funciona desde el sentir, pensar y actuar; así nuestra confianza funciona de manera parecida: autopercepción por lo que se percibe, autoconcepto por lo que se piensa o valora y autoestima por lo que se quiere y actúa desde y hacia sí mismo.

 Autopercepción por Autoimagen.

 Al hablar de autoimagen nos estaríamos refiriendo a nuestra propia imagen, reduciendo nuestra percepción a sólo lo que vemos de nosotros, imagen también lo relacionamos con apariencia y esta puede ser falsa.  Hablar de Autopercepción implica reconocer todos nuestros canales sensoriales en una percepción integrada y honesta de nosotros mismos.  De aquí en adelante utilizaré el término autopercepción.

Realizada gracias a los programas Poser y Photoshop

Autopercepción sería la manera como cada quien se percibe a sí mismo.  Autopercepción contempla la manera en que percibimos nuestros rasgos físicos, posturas y dinámicas corporales de interacción y comunicación; además, maneras de asear, arreglar y presentar tanto a sí mismo como su hábitat o entorno propio, lo mismo que las maneras de comportarse.  Este componente se predispone por la forma en que le percibían los demás y como él los distinguía a ellos, para a partir de ahí construir la autopercepción.  Proyectamos hacía los demás la representación que tenemos de nosotros mismos y las primeras impresiones que damos a los demás tienen que ver con este componente.  Las dificultades en la autopercepción, de una u otra forma están ligadas al autoconcepto, a la autoestima y a la confianza en general.

La autopercepción es fundamental en la adolescencia, etapa en la que importa mucho la manera en que le ven los demás, en especial los pares; donde se tienden a resaltar una o muy pocas características, desatendiendo la totalidad; o cuando la presión grupal o publicitaria impone criterios de imagen o presentación que al no cumplirse pueden llevar a sentimientos fatales en la persona.

La postura donde se tiende a valorar solo un aspecto negando los demás de la totalidad, puede llevar a una manera de ver parcial, irracional e insana, tal sería el caso de sólo percibir en función de la moda; mientras que si se enmarcan los diferentes aspectos en la totalidad, aceptando los poco favorables trabajando en ellos para mejorarlos si son susceptibles de mejora y dar el valor real a los agraciados, tendremos un punto de vista más sano.  Tenemos que aprender a integrar todo, lo contrario nos divide, fracciona o disocia.

El capitalismo contemporáneo, por medio de la publicidad y la moda procura manipularnos para controlarnos y vendernos sus productos y servicios a través de la repetición audiovisual y la promoción de la creencia de que quien los compra, además de recibir los beneficios del artículo o el servicio, adquiere el valor agregado de los sentimientos de placer, poder o posicionamiento (statu quo).  Así, un adolescente al ver que sus amigos tienen lo que él no puede tener o van donde él no puede ir, le puede llevar a percepciones erróneas de sí mismo, eso, mientras aprenda a aceptar su realidad; a entender que repetir, copiar y masificarse resta originalidad; y a crear, valorar y desarrollar sus propias alternativas, su autopercepción, su autoconcepto, su autoestima, su creatividad, su identidad o singularidad.

En cuanto a lo que lo que los demás ven de uno y nos lo señalan, existen 2 posibilidades: la primera que nos están señalando algo que a su criterio debemos mejorar y la otra que estén bromeando, tratando de ridiculizarnos, burlarnos o volvernos trágicos.  En ambos casos hay que saber escuchar, retener y someter a nuestro propio juicio; para después mejorar si nos están diciendo algo que va en pro de nuestro desarrollo y agradecer; o, dejar pasar y hacer de oídos sordos si va en contra de nuestro criterio y proyecto de vida; si el asunto es demasiado serio, hacer el reclamo de manera asertiva, actuando siempre de las maneras más adecuadas ante lo inadecuado, sin pagar con la misma moneda.

Autoconcepto o Autovaloración, Yo o Ego.

Consistiría en la opinión, valoración, creencia o concepto que se tiene sobre sí mismo, su personalidad, comportamientos y desempeños.  El Ego o el Yo es el autoconcepto o la creencia dinámica que nos hemos ido construyendo de nosotros mismos a lo largo de nuestra vida, a través de las relaciones con los demás, con nosotros y con la vida misma.  Así, somos lo que creemos ser.  Un autoconcepto real o sólido se fundamenta en la veracidad de lo que somos, tiene que ver con la aceptación de nuestras fortalezas y debilidades de una manera sincera.

El autoconcepto se estableció por la forma en que los demás nos valoraban y cómo nosotros los valoramos a ellos.  Sentirse valorado implica la recepción coherente de mensajes verbales, gestuales, corporales, de atención, cercanía y acción de las personas significativas.

Bruce Lipton nos decía, que las programaciones que recibimos y asumimos quedan grabadas en nuestra mente subconsciente; frases tóxicas como las descritas antes por él funcionan como verdades absolutas que se constituyen en los fundamentos de nuestras acciones.  Y son precisamente aquellas creencias impertinentes que hemos perpetuado por imitación y repetición y que posiblemente nos hayan servido en un principio, las que se convierten en obstáculos para nuestro desarrollo personal, provocando freno, inhibición, incoherencia, contradicción e impulsividad, llevándonos a comportamientos irracionales, insanos o inadecuados.  Frases verbales sinceras como: “eres valioso”, “te quiero mucho”, “eres importante para mí”, “valoro lo inteligente, listo o capaz que eres”, “sabes cuánto aprecio tu _____, ______ y todas tus fortalezas”, “eres un ganador”, etc., acompañadas del lenguaje corporal afectivo en la misma línea en su momento oportuno, inciden efectivamente en la formación del autoconcepto del niño.

En la adolescencia y más adelante en la vida, a través de la inteligencia abstracta, nos vamos dando cuenta de los mensajes inadecuados que nos hemos acostumbrado a decirnos a nosotros mismos, algunos de los cuales los hemos copiado de los demás: “no puedo”, “no soy capaz”, “esto me queda muy grande”, “soy un perdedor”, “necesito de la aprobación de los demás”, “no me merezco ____”, que se convierten en obstáculos para nuestro desarrollo personal y el ejercicio de nuestra libertad, no obstante, están sujetos a cambio siempre y cuando la persona así lo decida.

La decisión de cambio puede empezar literalmente invirtiendo el sentido de las frases insanas que nos decimos a nosotros mismos, así tomando como ejemplo las frases de párrafo anterior, podemos decirnos: “si puedo”, “soy capaz de _________ y mucho más”, “reconozco el grado de dificultad, pero cada vez más acepto mi coraje y valentía para afrontarlo”, “gradualmente estoy aprendiendo a enfrentar mis propios retos, dándome cuenta que mi tenacidad y capacidad me hacen ser un ganador”, “cada vez más valoro mi criterio y siento que puedo valerme por mí mismo asumiendo las consecuencias de mis actos, aunque en momentos difíciles no descarto una asesoría”, “soy hijo de la Vida, pertenezco a ella, por lo tanto me merezco ________, ________ y mucho más para disfrutarla dignamente”; repetir estas frases, hablándolas en alto y en silencio, escribiéndolas, dibujándolas, visualizándolas, colocándolas en sitios de fácil visualización, sintiéndolas en momento presente y actuándolas como si ya fuesen nuestras, nos pueden llevar por la fuerza de la repetición consciente a actitudes que reemplacen a las pesimistas.

Autoestima.

 Estimar tiene que ver con desear, querer, buscar y hacer lo mejor al ser querido; en la autoestima, el ser amado es uno mismo; querer lo mejor para mí implica ser selectivo con lo que busco, atraigo, acojo, contacto, permito, ingiero y actúo, que a la vez propicie mi desarrollo.  Autoestima sería la estimación, afecto, aprecio, dignidad, respeto o amor que se siente hacia uno mismo.  Autoestima como amor propio, auto respeto y dignidad.

La autoestima se fue determinando en sus inicios por la manera en que los demás nos aceptaban; si nos acogían, nos sentíamos queridos; lo contrario nos llevaba a sentirnos rechazados, excluidos o despreciados; también influyó la manera en que aceptamos a los demás.  Estos puntos de referencia iniciales nos llevaron a conformar nuestro propio sentimiento de autoestima.  Así como en la confianza básica los mensajes verbales que nos prodigaron fueron claves para la formación del autoconcepto, para la autoestima fueron cruciales las acciones que recibimos.

Las reacciones temperamentales adversas como la agresividad (acción correctiva), la ira (vociferación o reclamo), o la tristeza (pasividad, permisividad o inacción) tienen sus motivaciones profundas en los sentimientos de exclusión o desprecio; una situación presente que implique cierto rechazo se aumentará o minimizará en la subjetividad del individuo en función de las situaciones excluyentes pasadas vividas no resueltas; exclusión significa sacarte o desplazarte de lo que te pertenece, quitar lo que te pertenece, dejar de pertenecer a algo y posiblemente a la vida, dejar de existir,,,, morir.  Situaciones pasadas no resueltas incidirán en las presentes por asociación; de ahí la necesidad de resolver el pasado adverso, a la luz de la inteligencia lo traemos al presente, lo revivimos, lo expresamos, lo analizamos, percibimos sus relaciones, asociaciones y contradicciones, lo comprendemos, lo manejamos y lo superamos.  Hay que valorar los instantes molestos e intolerantes, porque son los que nos recuerdan nuestros asuntos pendientes.

En la conformación de la confianza básica son esenciales los sentidos que perciben lo cercano y lo inmediato como el tacto, además del movimiento, el equilibrio y la ubicación del propio cuerpo; Luís Carlos Restrepo nos dice: “De allí la importancia que en el ser humano tiene la estimulación propioceptiva, que para muchos no es otra cosa que el llamado tacto profundo.  Sin una adecuada estimulación táctil, el cachorro humano no puede sobrevivir.  En el infante humano la mielinización del sistema nervioso está ligada a la estimulación táctil por parte de la madre o los adultos y a la actividad lúdica que pone al cuerpo en contacto con otros cuerpos, facilitando así experiencias de tacto-presión y manejo coordinado de los diferentes segmentos corporales.  En ausencia de una adecuada estimulación táctil, el niño puede presentar severos trastornos de su sistema inmunitario incompatibles con la vida, o alteraciones cognitivas que dificultan el proceso de socialización.” 10 RESTREPO L. (1994).  En otro artículo James W. Prescott también nos menciona: “La relación recíproca del placer y la violencia es altamente significativa ya que ciertas experiencias sensoriales vividas durante los periodos formativos del desarrollo crearían una predisposición neurosicológica bien sea, para la búsqueda de la violencia o para la búsqueda del placer en etapas posteriores de la vida.  Estoy convencido de que los comportamientos anormales tanto sociales como emocionales resultantes de lo que los sicólogos llaman privación “materno-social”, es decir falta de ternura y cuidado amoroso, son causados por un único tipo de privación sensorial, la privación somato – sensorial.  Derivado del griego ‘cuerpo’ el término se refiere a las sensaciones de tacto y los movimientos corporales que difieren de los sentidos de la vista, escucha, olfato y gusto. Creo que la privación de la caricia o tacto corporal, del contacto y de los movimientos son las causas básicas de varios trastornos emocionales que incluyen entre otros, los comportamientos depresivos, autistas, hiperactivos, aberraciones sexuales, abuso de drogas, violencia y agresión.”. 11 PRESCOTT J. (1975).

Los sentidos cinestésico y del tacto son fundamentales en el afrontamiento de la crisis de la confianza básica y en la conformación de los primeros puntos de referencia que aportarán a la manera de conocer e interactuar con el mundo, mientras que a través del juego consolida su confianza y desarrolla competencias corporales, intra e interpersonales decisivas para las relaciones presentes y futuras.  Del contacto íntimo corporal madre – hijo, al contacto con su padre, hermanos y otros familiares, al contacto con vecinos, amigos y otras personas significativas, se van manifestando las maneras propias de interacción con los demás y con el mundo.  Es en el juego donde de manera autónoma aprendemos a encontrarnos e interactuar con los demás, donde ensayamos diversas formas de práctica corporal, donde con nuestro propio cuerpo incidimos sobre los cuerpos de los demás percibiendo a la vez sus reacciones, así de manera inversa, los otros cuerpos inciden sobre los nuestros experimentando nuestras propias reacciones; todo esto en sucesiones múltiples, diversas y complejas que nos llevan de una u otra manera a manejarnos en medio de la diversidad, la diferencia y la incertidumbre, tal cuál es la Vida.  Las restricciones en los sentidos corporales y en la sensibilidad terminan perturbando nuestra afectividad.

Para conseguir nuestros objetivos trabajamos individualmente o nos asociamos con personas con intereses afines para potenciarnos en grupo.  Así, en primera instancia tendemos a darnos prioridad a nosotros mismos y a nuestros propios intereses; después a nuestro clan y sus intereses que pueden ser la familia, socios, grupo de colaboradores o amistades cercanas; posteriormente a otros grupos de menor importancia y sus intereses, como vecindario, clubes sociales, políticos, artísticos o deportivos, compañeros de estudio o trabajo y nacionalidad.  En la diversidad de posibilidades del encuentro con los demás medimos nuestra capacidad de socialización; cuando las acciones o pareceres de los demás discrepan de los nuestros, surgen las diferencias, sino las sabemos manejar de maneras democráticas brotan los conflictos, y de estos pueden surgir la violencia y la tendencia a eliminar la diferencia eliminando al otro.  Es en la percepción real de la diferencia teniendo en cuenta mi postura y la del otro a la vez, donde medimos nuestro crecimiento o equilibrio de respuesta social; en el Evangelio según Mateo 22:37-40 podemos leer las enseñanzas que nos dejó el maestro Jesús: 37 Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. 38 Este es el primero y grande mandamiento. 39 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 40 De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.”; en la frase “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” encontramos el equilibrio social entre Yo y Tú, entre Tú y Yo, Nosotros y Ellos o Ellos y nosotros; así, no hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti; no permitas que otro te haga lo que tú no haces; sólo apreciando a los demás podemos querernos a nosotros mismos; de igual manera actuando como clan o en representación del mismo: no hagamos a otra tribu lo que no quisiéramos que ella u otra nos hicieran a nosotros; o acepta al (los) diferente(s) con sus condiciones tanto como te aprecias a ti mismo con tus condiciones, ya que de una u otra forma esas condiciones te han llevado dónde estás y a él (ellos) le(s) han llevado donde está(n).  La capacidad de aceptación, valoración y respeto del (los) otro(s) potencia nuestro amor propio.  Actitudes egoístas y prepotentes a más de dañar al otro, terminan dañando nuestra propia estima, no son ecológicas.  Asumir acciones que me (nos) beneficien sin tener en cuenta las consecuencias en el (los) otro(s) y en la Vida es lo que vemos en el día a día de la sociedad capitalista del beneficio propio y en la actitud de conquista egocéntrica del guerrero.

Así como recibimos afecto, también lo devolvemos; desde la ternura nos hemos acostumbrado a utilizar varias maneras de expresar nuestro aprecio hacia los demás: 1. por palabras, frases o textos, verbales o escritos; 2. tocando, besando, abrazando, acariciando; 3. dando nuestra presencia, estando atentos, acompañando; 4. haciendo algo para el otro; y 5. dando algo al otro.  Identificar nuestras formas propias de manifestar la estimación y reconocer que hay otras que nos enriquecen nos ayudan a superar las deficiencias en la autoestima; lo mismo que entender las formas de manifestación de los demás nos ayuda a crear empatía y comprensión, “porque dando es como recibo”, nos dice Francisco de Asís en su oración.

 

Condiciones Generacionales y Culturales en la Confianza.

 En el proceso espontáneo del desarrollo psicosocial del niño incide la actitud permisiva, sobreprotectora o equilibrada; violenta, autocrática o democrática de los padres o cuidadores.  Si los padres vienen con las deficiencias de sus antepasados y repiten los mismos esquemas a sus hijos, parejas u otros, las probabilidades de transmisión de estas a sus hijos y a las nuevas generaciones son mayores.  Así, desde el contexto de la responsabilidad paterna, el desarrollo social partiría de los cambios particulares que harían los individuos que toman conciencia de su situación generacional, deciden romper con ellas desde, por y para sí mismos, promueven, dan pautas para prevenir y dejan un legado de cambio y transformación que se revierte en sus hijos, allegados y posteriores generaciones.  Los que siguen embarcados en la rueda generacional de la repetición de la disfuncionalidad lo seguirán transmitiendo a sus generaciones.

Así como generacionalmente la familia impone sus actitudes, también entra la cultura a imponer sus códigos.  Así como los indígenas americanos venían con su propia idiosincrasia, al llegar e invadir los españoles con su poder, los nativos se vieron interrumpidos en el ejercicio de sus identidades y obligados a asumir por la fuerza otras condiciones; de manera parecida, el desarrollo espontáneo que trae el ser humano se ve interrumpido cuando la cultura impone sus códigos a través de sus legiones:  1. La familia con el ‘deber ser’ adiestra con sus pautas de aseo, protección, obediencia y comportamiento.  2. La escuela restringe el desarrollo del sentido corporal para imponer ahora el perfeccionamiento de los sentidos audiovisuales a través de la lectura y la escritura; lo que antes corporalmente era espontáneo, dinámico y sistémico, ahora se ha convertido en impositivo, estático y lógico lineal; asignando a cada quien un espacio único en el aula donde debe permanecer sentado, ordenado y atento a lo que se le ofrece enfrente; donde para poder seguir perteneciendo a la institución educativa asignada debe cumplir los estándares y el perfil propio de la misma.  También la escuela da un especial realce a lo cognitivo dejando en segundo plano las esferas de la sensibilidad y la afectividad.  3. Después que la escuela inicia la restricción de lo corporal, le toca ahora a los medios masivos de comunicación seguir el proceso de culturización, masificación y audiovisualización; primero la radio, después la televisión y ahora los computadores y celulares; sentar a un niño frente a las pantallas aquietadoras hace que se olvide de sí mismo y se fascine, colocándole en una actitud de fragilidad perceptiva, donde se anulan los filtros y controles adquiridos y le lleva a vivir una realidad virtual, donde puede experimentar en sí mismo toda la gama de emociones posibles sin la necesidad de movilizar su cuerpo, lo anula; vive en sí mismo, tanto los peligros, conflictos, amenazas, incertidumbres, dolores e inestabilidades, como los logros, alegrías, certezas y confianza de los actores virtuales como si fuesen suyos; desde la quietud accedemos a la pluralidad emotiva que nos proporcionan las imágenes y sonidos virtuales como si fuesen los nuestros.  Así, con las pantallas seguimos restringiendo nuestros movimientos corporales, nos aquietamos, nos aislamos, evitamos el contacto con el otro, suplantamos nuestra identidad, nos alienamos, dejamos de usar nuestros propios criterios para adoptar las creencias que nos impone el sistema anulando nuestra capacidad de acción y reacción.  ¿Será esta una forma de control social?

Vivir en Colombia, un país latinoamericano permeado por la violencia con múltiples manifestaciones violentas no es fácil e implica muchos riesgos, José Antonio Gutiérrez nos precisa: “en el caso colombiano debemos mencionar la existencia de una tradición centenaria de violencia estatal como respuesta privilegiada de las clases dominantes a cualquier forma de protesta social; la intervención permanente del imperialismo norteamericano; la existencia de una tradición de respuesta guerrillera a la violencia del Estado, la cual es consecuencia y no causa como nos quiere hacer creer el actual régimen; la formación de milicias privadas por parte de los capitalistas como parte normal de la lucha de clases, un fenómeno que no viene de los 1980 con la entrada del narcotráfico al conflicto, sino que parte de 1946 cuando en el eje cafetero chulavitas y pájaros comenzaron sus expediciones punitivas en contra de campesinos fundamentalmente liberales[3]; ligado a lo anterior, la guerra como un mecanismo normal de acumulación de capital; y el peso exorbitante del narcotráfico y la mafia en la estructura económica colombiana.”, 12 GUTIÉRREZ J.  (2010).  Todas esas condiciones inciden en la confianza de los habitantes de un país en guerra, situaciones que se siguen dando a pesar de la firma de un proceso de paz, donde la pobreza, la exclusión, el desplazamiento forzado, la información o desinformación de los medios de comunicación, la apropiación de grandes extensiones de tierra, el robo de cuantiosas cantidades de dineros públicos, la corrupción y la mafia en las instituciones del estado y el crimen como medio de desaparecer al diferente.  Este panorama de una u otra forma lleva a vivir bajo unas condiciones mínimas e inciertas de seguridad, que promueven sentimientos pesimistas, de exclusión y sojuzgamiento.

Ante la violencia en sus múltiples manifestaciones Restrepo L. se pregunta y responde: “¿a qué nos referimos cuando hablamos de violencia? ¿Qué de común tienen la violencia callejera del sicario, el machismo de nuestros campos, las violencias sociales, económicas y políticas, con las diferentes manifestaciones de violencia en la intimidad?  El factor común es la acción tendente a impedir la expresión de la singularidad. Todas las formas de violencia tienen en común su intolerancia frente a la diferencia y la resistencia a permitir su aparición y crecimiento.”, 13 RESTREPO L. (1994).

Ante este panorama egocéntrico y violento, Restrepo L. nos propone: “Enrutarnos hacia la ternura es tener siempre presente, en el horizonte, la posibilidad de la crueldad y la violencia. Hablamos de ternura sin desconocer la facilidad con que los seres humanos accedemos a la violencia. La ternura actúa como una especie de conjuro que impide que actuemos nuestro odio hasta exterminar al diferente. Al igual que la madre canta la canción de cuna no tanto para el niño sino para ella misma, para conjurar su posible irritación y no hacerle daño al chico, también nosotros entonamos la canción de la ternura para sensibilizamos en medio del horror, para modular nuestras fuerzas y no caer en el embeleso del exterminio.”14 RESTREPO L. (1994).

 

Trabajando las Dificultades en la Confianza.

Si bien la confianza se inicia desde las experiencias significativas primarias y continúa su desarrollo a partir de estos más las vivencias siguientes, esto puede llevar a pensar que si estos comienzos son disparatados, adversos o traumáticos, pueden dar origen a creencias, programaciones irracionales y deficientes que afectarán su desarrollo llevando posiblemente al individuo a desenvolvimientos o posturas pesimistas, desesperanzadores, de minusvalía o inseguros.  Si en la adolescencia, juventud o adultez permanece esa sensación de desconfianza, conviene entender que no siempre tiene que ser así.  En este último capítulo propongo algunos instrumentos que nos pueden ayudar a trascenderlas: autopercepción, inteligencia, aceptación y voluntad.

Autopercepción.

 En los Procesos Psíquicos.

La percepción es el proceso básico de la actividad mental, el resto de las operaciones psíquicas, como el pensamiento, el aprendizaje o la memoria, estarían subordinadas al correcto funcionamiento de la organización perceptual.  Los sucesos afuera llegan a nuestros sentidos como ondas con información que nos impresionan o nos sensibilizan, se interpretan, se representan dentro y quedan guardadas en nuestras memorias como puntos de referencia para las futuras interpretaciones y representaciones.  La percepción se hace más clara cuando adquirimos la conciencia gradual de cómo lo sucedido afuera nos provoca un efecto adentro; también cuando entendemos que las creencias como interpretaciones afectan nuestras maneras de percibir, quitándonos objetividad y llevándonos a posibles errores; esto último sucede cuando percibimos con prejuicios.  Hay que aprender a asimilar tanto la totalidad como lo reducido que nos interesa; percibir sin distinguir el contexto nos puede parcializar y reducir el conocimiento.  Tendemos a usar canales sensoriales de preferencia, unos preferimos la vista, otros el oído y otros el tacto, el olor y el cuerpo, ser conscientes de esto, nos puede llevar a pretender buscar el equilibrio con los demás canales; la vista por su amplio alcance nos puede llevar a privarnos de la cercanía, saludar desde lejos con el solo contacto visual nos imposibilita del contacto de un apretón de manos o de los cuerpos en el abrazo; o dejarnos llevar de lo audiovisual puede restringir lo corporal.

Cuando a través de nuestros sentidos captamos una situación externa cualquiera que nos exige pensar en la respuesta, la afrontamos enfocándonos en ella a través de la actividad pensante, donde representamos, comparamos, hacemos juicios, análisis y síntesis hasta diseñar estrategias que nos permitan dar con la mejor respuesta; de ahí nos motivamos y decidimos; para después lanzarnos a la acción con la puesta en marcha de nuestro sistema motor, todo nuestro organismo moviliza el medio ambiente hasta lograr la respuesta pensada o la adecuada.

Al accionar tenemos tres posibilidades: una, que acertemos con la acción decidida, la otra que la abandonemos si nos equivocamos, y la tercera, que nos equivoquemos y tengamos que repensar, volver a pensar, replantear, reorganizar, decidir y lanzarnos en otra línea de acción; este nuevo acto nos lleva a aprender de los desaciertos y seguir en sucesiones significativas de ensayo – error – ensayo – error, hasta dar con la respuesta adecuada, haciendo más significativo nuestro aprendizaje desde el pensar – hacer – pensar – hacer.  En esta tercera posibilidad, después de varios intentos hasta encontrar la respuesta óptima, la generalizamos, la aplicamos en otros contextos y de seguir funcionando y seguirla repitiendo llega a convertirse en una habilidad, que sería una respuesta repetida, mecanizada y convertida en hábito de acción óptima; así estas respuestas – acciones pasan a formar parte de nuestro repertorio de actos mecánicos aprendidos; el manejar un automóvil, el leer y el escribir en principio nos costó energía, tiempo y esfuerzo mientras aprendíamos, una vez adquirida la habilidad, el esfuerzo pensante se minimiza y nos volvemos competentes en ese accionar específico.

La afinación sensorial nos permite ser más claros, mientras que la inteligencia nos permite hacer los ensayos virtuales necesarios a través del pensamiento para después materializarlo a través de la acción comprometida.  Una vez percibido, pensado y decidido qué hacer, la acción lo ejecuta.  La experiencia o la vivencia sucede primero, lo mental vendría después.

Realidad interna y externa

El reconocer la existencia de dificultades en nuestra confianza implica la aceptación de dificultades propias internas, subjetivas e intangibles; que si decidimos trabajar con ellas, hacen que su manejo sea subjetivo – interno, y no objetivo – externo, como cuando trabajamos con las cosas que tenemos a nuestro alrededor percibidas por nuestros sentidos y maniobradas con nuestro cuerpo.  Así como en lo objetivo – externo nos toca afinar nuestra percepción, en lo subjetivo – interno nos toca afinarla muchísimo más, aprender a darnos cuenta, a ‘ser conscientes’ de nuestras percepciones, impulsos, emociones, sentimientos, interpretaciones, pensamientos, ideas, creencias, deseos y nuestras acciones, lo mismo que las relaciones entre estos y las relaciones con el contexto.

Interpretación, Creencia y posibilidad de Cambio.

Albert Ellis, creador de la Terapia Racional Emotiva nos dice: “En esencia, desde el punto de vista estoico, que mantenía que las personas se alteran no por las cosas en sí, sino por su visión de las cosas, se creó la RET, y esta perspectiva (siguiendo mis primeras formulaciones) es el núcleo de las aproximaciones cognitivo-conductuales de hoy en día a la psicoterapia.” 15 DRYDEN W. y ELLIS A. (1989).  Entendiendo la percepción como la confluencia de la información sensible captada de un suceso por un lado, más la comparación del mismo con los puntos de referencia provenientes de aquellos aprendizajes parecidos almacenados en las memorias por el otro lado, que activan el potencial de acción interno; podríamos decir que en la percepción no reaccionamos a los eventos en sí, sino a las interpretaciones, visiones, perspectivas o puntos de vista con respecto a los mismos.  Ellis también nos recuerda: “la RET ha insistido en la naturaleza inferencial de los acontecimientos y ha demostrado cómo los hechos, o mejor dicho, la forma en que percibimos los hechos, interactúa con nuestra evaluación cognitiva, emociones y conductas” 16 DRYDEN W. y ELLIS A. (1989).

Nuestras creencias intervienen en nuestras formas de sentir, pensar y actuar.  En cuanto al sentir, nuestras percepciones y sentimientos implican una valoración primaria de nuestras sensaciones y emociones con base en creencias previas, así, si tengo creencias racistas de aversión a la raza negra, ante su presencia, mis percepciones harán la clasificación automática y mis sentimientos el siguiente rechazo sin tener en cuenta las otras cualidades del ser que tenemos al frente.  En cuanto al pensar, los pensamientos reactivos surgen de manera automática apoyados en la aparente utilidad de la creencia básica subconsciente reforzados por su repetición y habituación.  Así nuestros actos serían la consecuencia de lo que pensamos.

Si percibimos incongruencia o irracionalidad en nuestras formas de sentir, pensar o actuar, es porque nos estamos dando cuenta del hecho, empezamos a ser conscientes de nuestra vida interior, de nuestra subjetividad, tanto de las virtudes como de las fragilidades, vamos caminando hacía la autoconsciencia, hacía el meta pensar, hacía pensar sobre lo que pensamos; eso nos permite cuestionarnos, contemplar posibilidades de transformación e ir en la búsqueda de alternativas que sustituyan la irracionalidad por maneras más racionales.

La gran dificultad que tenemos para realizar cambios interiores, consiste en que los organismos biológicamente tienden a mantener su propio equilibrio interno; en biología se llama Homeostasis, en el diccionario de la RAE encontramos la siguiente definición: “De homeo- y el gr. στάσις stásis ‘posición, estabilidad’.  Biol. Conjunto de fenómenos de autorregulación, que conducen al mantenimiento de la constancia en la composición y propiedades del medio interno de un organismo.  Autorregulación de la constancia de las propiedades de un sistema influido por agentes exteriores.”.  Es la manera en que nuestra propia naturaleza se protege así misma de las influencias externas.  Así, biológicamente nos adaptamos, nos protegemos, nos acomodamos; nos autorregulamos a través del hábito y la repetición adquiriendo habilidades; habilidades fundamentadas en creencias, esquemas o patrones de pensamiento que llevan a acciones cada vez más mecanizadas; eso nos brinda seguridad.  Ahora, el mundo cambia, aparecen nuevos escenarios y lo que ayer nos sirvió de pronto hoy no, tenemos que aprender a darnos cuenta por nosotros mismos o porque los demás nos lo señalan cuando nuestros esquemas se vuelven obsoletos, inadecuados o insanos, cuando chocamos con el mundo o con nosotros mismos, llegó la hora de cambiarlos.

Para nuestro caso de dificultades en la confianza y de toda nuestra vida interior, es precisamente la autopercepción continua la que nos permite entrar en contacto con esa realidad intrínseca, percibir sus contradicciones, irracionalidades y resistencias a los cambios.  Tomar conciencia de las disfuncionalidades y de lo complejo que es cambiar es lo que nos puede permitir su aceptación para su posterior transformación.  Esto se puede percibir cuando tenemos impedimentos en el manejo de nuestras emociones e impulsos, de nuestras ideas irracionales, o cuando queremos cambiar patrones de conducta insanos como el uso de la violencia, el abuso en todas sus manifestaciones, la sexualidad desfavorable, hábitos alimenticios insanos, dependencias a los aparatos tecnológicos, o el consumo abusivo de tabaco, alcohol, medicamentos u otras sustancias psicoactivas.

Comunicación, Expresión de Sentimientos y otra Visión.

Siguiendo el mismo sentido del reconocimiento de dificultades en la confianza, estas se complican cuando percibimos nuestra interioridad desde un solo punto de vista: el nuestro; de ahí que ante la aparición de sentimientos pesimistas, inseguros, de baja en esta capacidad o de mal estar, lo más idóneo sería la búsqueda de otra óptica diferente a la nuestra: la óptica de otro ser humano que nos permita apreciar otras cosas que no vemos, que nos brinde seguridad, nos pueda dar la posibilidad de expresarnos, sentirnos escuchados y escucharnos a nosotros mismos (que es diferente a pensarnos por nosotros mismos), permitir que nos cuestione, examine nuestra manera de percibir, y sentir que somos comprendidos; de ahí, en su presencia podemos pasar a organizarnos verbalmente, hacer nuestros análisis, conclusiones y explorar otras alternativas; si a más de eso nos retroalimentamos con la perspectiva desde la experiencia del otro, la ganancia es mayor.  Comunicarnos y compartir con otro ser humano nuestra interioridad nos enriquece.  De los mayores actos de amor propio están el buscar asesoría a través de la expresión de nuestros sentimientos a otro ser humano digno de nuestra confianza; de igual manera cuando nos permitimos ser receptores de la interioridad del otro, ganamos en empatía, comprensión y amor a los demás.

En la comunicación hay varios niveles de expresión:  1. Un nivel externo donde sólo expresamos asuntos ajenos (lugares, tiempo o sucesos exteriores que no nos afectan, etc.).  2. Un nivel intermedio donde comunicamos eventos externos que nos afecta, pero no exponemos cómo o hasta donde nos perturba, o muy superficialmente.  3. Y un nivel profundo donde nos mostramos tal cual somos, donde revelamos nuestros sentimientos, pensamientos, deseos, acciones, restricciones y las relaciones con las circunstancias que los provocan; es en este último nivel donde la comunicación facilita la comprensión que puede generar cambios.  En este acto comunicativo profundo, antes de exponer la totalidad de la afección, vamos revelándonos y pasando gradualmente a niveles intermedios y profundos en la medida en que nuestro interlocutor nos comprende, se interesa y nos motiva a seguir explorando, llegando al grado de profundidad que nuestra confianza en el otro nos lo permita.  Ese hilo tan sutil que nos permite revelarnos a través del acompañamiento y la confianza en el escucha, tiende a perderse en la medida en que aparecen obstáculos comunicativos en el otro que percibimos como dañinos para nuestra integridad: contar nuestra intimidad a otros, hacer juicios, burlarse, etiquetar, no prestar atención o dividirla, alarmarse, uso de deberías e imposición entre otros.

Es en el nivel de comunicación profundo donde podemos resolver las dificultades en nuestra confianza, en nuestra subjetividad; a través de ese nivel comunicativo podemos llegar a nuestros deseos, pensamientos, sentimientos y creencias; aquella realidad interna a la cual sólo accedemos en parte, en ocasiones se nos complica su comprensión y organización, y en otras la guardamos y negamos tan suspicazmente como si fuésemos los únicos en el planeta que hubiésemos vivido lo que vivimos.  Como seres sociales, sólo en compañía de otro ser humano podemos organizar y resolver los desajustes en nuestra interioridad; como reza la Filosofía de la Comunidad Terapéutica: “no existe refugio alguno donde escondernos de nosotros mismos.  Mientras la persona no se confronte en los ojos y en el corazón de los demás, está escapando.  Mientras no comunica sus secretos no hallará reposo.  El hombre que teme ser conocido no puede conocerse a sí mismo ni conocer a los demás; está solo.” 17 ARROYABE R. (2006).

Es posible superar nuestras dificultades internas y en la confianza iniciándonos en la autopercepción, que nos puede llevar a identificar, expresar, comprender y manejar nuestra subjetividad.  El escaso manejo de nuestra interioridad nos puede llevar a creencias erróneas de la realidad; a posiblemente repetir, repetir y repetir sin darnos cuenta del por qué lo hacemos, como también justificar nuestros desaciertos internos en acciones provenientes del exterior, victimizarnos y quedarnos ahí.  Este proceso de autoconocimiento es más efectivo cuando contamos con el acompañamiento de la percepción de otro ser humano.

Inteligencia.

 La aparición de la Inteligencia Abstracta en la pre o adolescencia y su posterior evolución va llevando a los seres humanos a observar, representar, comparar, reconocer, interpretar, analizar, hacer juicios, argumentar, hacer síntesis, conclusiones y proponer, desde comprensiones cada vez más elaboradas, con posturas críticas, autocríticas e integradoras.  Así, la inteligencia se convierte en un instrumento interno útil para asumir desde sí mismo la dirección propia del ser; permitiendo al individuo asumir actitudes cada vez más autónomas, objetivas, adultas y racionales; detectar fallas, inconsistencias y resistencias; explorar y contemplar posibilidades de cambio, asesorarse, buscar acompañamiento, motivarse a la superación de dificultades propias, determinarse, tomar la decisión, lanzarse a dejar lo que no sirve desaprendiendo y desprogramándose; y emprender la construcción de actitudes y orientaciones más convenientes y sanas que permitan un óptimo desarrollo.

Las acciones y reacciones surgen cuando una acción externa impacta en el organismo y este desde su subjetividad moviliza pensamientos, emociones y creencias, a partir de ahí surgen sus conductas.  Las motivaciones para la acción pueden venir: 1. de las creencias; 2. de los hábitos; o 3. de las convicciones.  Las creencias y hábitos son reactivos e inconscientes mientras que las convicciones son planeadas y conscientes.  Las convicciones evalúan lo presente en el presente y lo proyecta al futuro previendo posibles consecuencias.

La inteligencia también revisa el pasado en el presente para reinterpretarlo, resignificarlo, integrarlo y comprenderlo; así, desde ese acto sanador, vivimos un presente más claro y consciente que nos permita una proyección favorable.

Aceptación.

Edgar Morin nos recuerda: “El  conocimiento en forma de palabra, de idea, de teoría, es el fruto de una traducción/reconstrucción mediada por el lenguaje y el pensamiento y por ende conoce el riesgo de error.  Este conocimiento en tanto que traducción y reconstrucción implica la interpretación, lo que introduce el riesgo de error al interior de la subjetividad del conociente, de su visión del  mundo, de sus principios de conocimiento.  De ahí provienen los innumerables errores de concepción y de ideas que sobrevienen a pesar de nuestros controles racionales.  La proyección de nuestros deseos o de nuestros miedos, las perturbaciones mentales que aportan nuestras emociones multiplican los riesgos de error.”. 18 MORIN E. (1999).  No conocemos las cosas tal como son, sino que las interpretamos, solo conocemos lo que interpretamos, vivimos en la interpretación, en nuestra subjetividad y de ahí se derivan los errores en nuestras ideas, aparte de los intentos racionales por evitarlos.

En consecuencia, la realidad externa, incognoscible plenamente para nosotros, seguirá su propio ritmo en el concierto de la vida; sólo podemos interpretar lo que de ella llega a nuestros sentidos; reaccionamos no a lo que viene del exterior sino a lo que interpretamos de ello.  Así, desde nuestros inicios hemos acumulando una serie de interpretaciones en las interacciones con los demás, con nosotros y con la vida misma; una serie de interpretaciones que dan origen a nuestro sistema de creencias.  Entender esto es comprender que si queremos cambiar porque algo está disfuncional en nosotros, donde debemos trabajar es en nuestra subjetividad, en nuestro sistema de creencias, en nuestra manera de interpretar el mundo y a nosotros mismos, y en nuestras maneras de adaptarnos.

Siguiendo la lectura de Morin observamos: “Lo inesperado nos sorprende porque nos hemos instalado con gran seguridad en nuestras teorías, en nuestras ideas y, éstas no tienen ninguna estructura para acoger lo nuevo. Lo nuevo brota sin cesar; nunca podemos predecir cómo se presentará, pero debemos contar con su llegada, es decir contar con lo inesperado (cf. Capítulo V Enfrentar las incertidumbres). Y, una vez sobrevenga lo inesperado, habrá que ser capaz de revisar nuestras teorías e ideas en vez de dejar entrar por la fuerza el hecho nuevo en la teoría la cual es incapaz de acogerlo verdaderamente.”. 19 MORIN E. (1999).  Nuestras ideas surgen de la interpretación de una vivencia, después las sometemos a otros escenarios y si en estos también funcionan, tendemos a generalizarlas para diversos contextos afines en nuestra vida; también adoptamos creencias prestadas que no sometimos a nuestro juicio y nos funcionaron; ambas nos dieron seguridad, nos mostraban una guía en nuestro accionar, permitieron adaptarnos y acomodarnos.  Hay momentos en que lo reciente no se ajusta a nuestras representaciones previas, eso nos resta seguridad,  pretendemos entonces acondicionar lo desconocido – presente a nuestras certezas, surge el conflicto entre lo nuevo – diferente – real y la vieja concepción, esto produce mal estar.  Hay que aprender a afrontar lo incierto, a adaptarnos a un mundo de permanente cambio, a reemplazar la creencia antigua por otra que contenga lo antiguo y lo nuevo, o una totalmente nueva que descarte la arcaica inservible.  Y eso implica un trabajo incierto, inseguro, de desacomodo y reajuste para trascender a un nivel de mayor seguridad, a eso le tenemos miedo y nos resistimos.

Pretender cambiar un campo, una región o un sitio de nuestra subjetividad que percibimos como disfuncional o problemático implica aceptarlo, pretender aceptarlo implica percibirlo muchas veces en su acción hasta que lo reconozcamos, nos demos cuenta, tomemos conciencia del mismo.  En la percepción perseverante de sí mismo intervienen los sentidos internos en proceso de afinación continua, en el auto reconocimiento el intelecto y en la aceptación el sentir integral desde lo más profundo del ser que nos puede llevar a la posterior contemplación, determinación y acción de cambio de aquello aceptado que sentimos la necesidad transformar.

Si algo en nosotros no nos funciona o nos produce mal estar o mal vivir, conviene preguntarnos:

¿Qué hace que me sienta así?

¿En qué parte de mi organismo siento la molestia?, ¿Cómo la siento?, ¿A qué se parece?, ¿Con qué la relaciono?

¿Qué hay en mí, que hace que algunas acciones de los demás me afecten?

¿Cuál es la razón de ser de lo que me está pasando?, ¿Para qué me sirve?

Si algo afuera me ha estado lastimando, ¿qué hace que lo siga frecuentando esperando resultados diferentes?

Si pretendemos buscar la respuesta afuera, corremos el riesgo de convertimos en víctimas de lo externo, conviene recordar que reaccionamos a lo que interpretamos, a lo que nos hemos acostumbrado, no a lo que está fuera.  Si buscamos primero la respuesta dentro de nosotros, la buscamos en nuestro interpretar y creer, nos convertimos en buscadores, facilitadores, gestores, emprendedores o responsables de nuestro desarrollo interior.  Hacerme responsable es responder desde mí, es asumir de la forma más sincera posible por lo que siento, pienso y actúo con sus consecuencias; como también hacerme cargo de la calidad de las relaciones con los demás, conmigo mismo y con el mundo.

El trabajo autoconsciente o metacognitivo que es un compromiso inteligente y de voluntad, es un tránsito por una gran diversidad de ambientes, algunos agradables otros no, unos muy altos otros muy bajos, algunos amplios otros estrechos, unos densos otros sutiles, algunos duros y otros suaves; tal como se circula afuera también adentro, tal como se nos muestra la vida exterior también la interior, la una es el reflejo de la otra.  La afinación o sensibilidad de nuestro organismo y sus sentidos externos e internos a través de la inteligencia nos van llevando a la integración de ambas realidades.  Todo eso nos lleva a la aceptación.  Aceptación como vivir en el presente con lo presente; como existir plenamente en el ahora, tanto con lo que está afuera como con lo que tenemos dentro permitiendo que se integren.

Voluntad.

 Así como la inteligencia se constituye en fortaleza interna por excelencia en la planificación de la superación de dificultades en la confianza; con la voluntad nos determinamos y nos lanzamos a realizar las acciones planeadas, consolidándonos desde el autoconocimiento y la aceptación de nosotros mismos en la interacción con los demás y con la vida misma.

El diccionario de la RAE define la Voluntad como: “Del lat. voluntas, -ātis.  Facultad de decidir y ordenar la propia conducta.  Acto con que la potencia volitiva admite o rehúye una cosa, queriéndola, o aborreciéndola y repugnándola.  Libre albedrío o libre determinación.  Elección de algo sin precepto o impulso externo que a ello obligue.  Intención, ánimo o resolución de hacer algo.”.

De las tres funciones ejecutivas de nuestra corteza cerebral: inhibición de impulsos, planificación y toma de decisiones; la voluntad se encarga de la acción tanto en la inhibición de impulsos como en la toma de decisiones: inhibición cuando por convicción en la planificación inteligente dejamos de hacer lo que nuestros impulsos, emociones y hábitos reactivos e inconscientes nos proponen hacer porque no conviene; toma de decisiones cuando desde la planificación inteligente mediada por la autopercepción y la aceptación nos determinamos y accionamos hacía la consecución de objetivos, también mediados por la autopercepción y la aceptación.  Así, la voluntad como un proceso continuo de aprendizaje nos lleva en ocasiones por unos escenarios seguros y en otros inciertos.  Ese tránsito de nuestro accionar, en unas oportunidades nos puede llevar a dar con nuestro objetivo y mantenernos en el mismo; en otras ocasiones llegamos al objetivo pero después nos salimos, de pronto volvemos a entrar y nuevamente nos salimos para volver a entrar, para después seguir consistentemente; en otros momentos no damos con el objetivo y tenemos que volver a replantearnos; como también en otros instantes, dejándonos llevar por el pesimismo, abandonamos el objetivo ante los primeros desaciertos.  Todas esas posibilidades conviene apreciarlas como ventajas de crecimiento personal, quizá una invitación a seguir percibiéndonos y a aceptarnos tal cual somos.

Las transformaciones internas siguen la dinámica existencial de percibirse, reconocerse y aceptarse; a partir de ahí están dadas las condiciones para contemplar posibilidades de cambio, determinarse en una o varias líneas de acción a seguir e ir en su ejecución.  Acción como inicio y sostenimiento en el tiempo de una decisión personal de cambio por convicción.  Acción como postura y movimiento corporal, pleno y comprometido del ser.  Acción como atrevimiento, persistencia y voluntad.  Acción como aprendizaje en la interacción, vínculo y relación con el otro, conmigo y con la vida misma.  Es en la acción donde nos desprogramamos, desaprendemos, nos planificamos, nos proyectamos y decidimos, cambiamos, nos reconstruimos y nos desarrollamos.

Si como adulto, desde una posición cómoda elijo por seguir en lo insano, puede suceder que mis allegados me confronten o que la vida misma lo haga, ya sea oponiéndose, tropezándome o estremeciéndome; la vida también enseña, a veces sin contemplaciones, así, desde los fondos a los que se llega en la negación y la inconsciencia, posiblemente despierte y opte por contemplar la transformación.

Libro CONFIANZA en PDF.  El contenido de esta publicación lo puede bajar aquí:

Confianza. DAZA Francisco. (2018).

BIBLIOGRAFÍA:

1 ERIKSON E. (1959). Identify and the Life Cycle, Psycological Issues, Vol. 1; extraído de Shertzer y Stone. (1972). Manual para el Asesoramiento Psicológico (Counseling), Buenos Aires, Paidos, p 77.

2 BECERRA M. (2015). Nacidos para triunfar. El poder del nacimiento en nuestras vidas,  Tenerife, Editorial Ob Stare, p 32-33.

3 Ibíd., p 46.

4 LIPTON B. (2006). La Biología de la Creencia. La liberación del poder de la conciencia, la materia y los milagros, Editorial Palmyra, p 18.

5 Ibíd., p 126.

6 Ibíd., p 127.

7 MUJERES PARA LA SALUD. (2006). Informe: Efectos y Consecuencias del Abuso Sexual Infantil, Madrid, extraído de http://www.mujeresparalasalud.org/spip.php?article152

8 Ibíd.

9 Ibíd.

 10 RESTREPO L. (1994). El Derecho a la Ternura, Bogotá, Arango Editores, p 49-50.

11 PRESCOTT J. (1975). El Placer Corporal y el Origen de la Violencia, extraído de http://www.violence.de/prescott/bulletin/article-es.html el 16 de enero de 2018.

12 GUTIÉRREZ J. (2010). Apuntes sobre Colombia y el Fascismo clásico Europeo, extraído de http://www.anarkismo.net/article/17240, el 29 de diciembre de 2016.11 RESTREPO L. (1994).  El Derecho a la Ternura, Bogotá, Arango Editores, p 16.

13 RESTREPO L. (1994). El Derecho a la Ternura, Bogotá, Arango Editores, p 68.

14 Ibid, p 60.

15 DRYDEN W. y ELLIS A. (1989). Práctica de la Terapia Racional Emotiva,  Bilbao, Editorial Desclée de Brouwer, p 14.

16 Ibid, p 17.

17 ARROYABE R. (2006). La Comunidad Terapéutica, un Horizonte de Vida, Bogotá, Congregación de Religiosos Terciarios Capuchinos, Comunidad Terapéutica Breve San Gregorio, p 240.

18 MORIN E. (1999). Los 7 saberes necesarios para la educación del futuro, Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, p 5.

19 Ibíd p 12.

Una Mirada al Ser Humano y sus Adicciones

Al final de la publicación:
Podrá bajar en PDF una guía para inducir o iniciar procesos para superación de adicciones.
También ver vídeo “Una mirada al ser humano y sus adicciones desde las neurociencias”, que contribuye a realizar intervenciones en adictos en recuperación en cualquier modelo de tratamiento.

 

Conceptos básicos de las Adicciones

Adicción

Sería la tendencia en un proceso cada vez más repetitivo y de dependencia continua o periódica hacía el uso de sustancias, objetos, personas y/o comportamientos.

La adicción es un proceso que se inicia generalmente con experiencias iniciales placenteras, se refuerza reportando beneficios significativos durante su uso, dando paso al abuso donde se entremezclan experiencias tanto agradables como desagradables, tendiendo más a las últimas, hasta alcanzar la adicción dependencia, donde las repeticiones se suceden de manera crónica, compulsiva e incontrolable, perjudicando la calidad de vida de su usador y de quienes le rodean.

El camino de las adicciones generalmente tiende a llevar a la clínica u hospital, a la calle, a la cárcel, al cementerio; o .. a la ¡“Recuperación”!.

Sustancias Psicoactivas.

“Son aquellas sustancias químicas o naturales, que por sus características farmacológicas, tienen la posibilidad de ser consumidas por varias vías, ser absorbidas, concentrarse en la sangre, pasar al cerebro, actuar sobre las neuronas y modificar principalmente el funcionamiento del sistema nervioso central y crear dependencia física o psicológica”.  Ministerio de la Protección Social.  (2005).  Resolución 4750 de 2005.  República de Colombia.

Adicciones a Sustancias Psicoactivas o Adicciones Químicas.

“La adicción se define como una enfermedad crónica y recurrente del cerebro que se caracteriza por la búsqueda y el consumo compulsivo de drogas, a pesar de sus consecuencias nocivas.  Se considera una enfermedad del cerebro porque las drogas modifican este órgano: su estructura y funcionamiento se ven afectados. Estos cambios en el cerebro pueden ser de larga duración, y pueden conducir a comportamientos peligrosos que se observan en las personas que abusan del consumo de drogas”.            NIDA.  (2014).  https://www.drugabuse.gov/es/publicaciones/serie-de-reportes/las-drogas-el-cerebro-y-el-comportamiento-la-ciencia-de-la-adiccion/abuso-y-adiccion-las-drogas

“Todas las drogas que se consumen en exceso producen una activación directa general del sistema de recompensa cerebral, que está implicado en el refuerzo comportamental y en la producción de recuerdos.  Esta activación del sistema de recompensa es tan intensa que incluso se descuidan las actividades normales.  En vez de obtener dicha estimulación a través de comportamientos adaptativos (comida, afecto, sexo), las drogas de abuso activan directamente las vías de recompensa.  Los mecanismos farmacológicos por los que cada clase de droga produce la recompensa son diferentes, aunque generalmente las drogas activan el sistema y producen sentimientos de placer, denominados frecuentemente “subidón”.  Asimismo, los individuos con menores niveles de autocontrol, que reflejan disfunciones en los mecanismos de inhibición cerebral, están más predispuestos a desarrollar trastornos por consumo de sustancias, lo que sugiere que, en algunas personas, se pueden evidenciar las raíces de estos trastornos a través de los comportamientos que se instauran con bastante anterioridad al propio consumo de la sustancia”.   ASOCIACIÓN AMÉRICANA DE PSIQUIATRÍA.  Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales “DSM V”.  (2013).  USA.

Quien es un Adicto.

“La mayoría no tenemos que pensar dos veces esta pregunta.  ¡Conocemos la respuesta!  Toda nuestra vida y nuestros pensamientos giraban, de una u otra forma, en torno a las drogas, cómo obtenerlas, cómo consumirlas y el modo de conseguir más.  Vivíamos para consumirlas y las consumíamos para vivir.  En síntesis, una persona adicta es aquella cuya calidad de vida está controlada por las drogas.  Estamos en las garras de una enfermedad crónica y progresiva que nos arrastra invariablemente a los mismos lugares: cárceles, hospitales y la muerte”.   NARCÓTICOS ANÓNIMOS.  (2010).  Sexta edición.

Adicciones sin drogas o Adicciones Psicológicas.

“Durante muchos años la noción de adicción ha sido sinónima de adicción a las drogas.  Sin embargo, si los componentes fundamentales de los trastornos adictivos son la falta de control y la dependencia, las adicciones no pueden limitarse a las conductas generadas por sustancias químicas.  De hecho existen hábitos de conducta aparentemente inofensivos que, en determinadas circunstancias, pueden convertirse en adictivos e interferir gravemente en la vida cotidiana de las personas afectadas.

Cualquier actividad normal percibida como placentera es susceptible de convertirse en una conducta adictiva.  Lo que define esta última es que el paciente pierde el control cuando desarrolla una actividad determinada y que continúa con ella a pesar de las consecuencias adversas, adquiriendo una dependencia cada vez mayor de esa conducta.  De este modo, el comportamiento está desencadenado por un sentimiento que puede ir desde un deseo moderado hasta una obsesión intensa, capaz de generar síndrome de abstinencia si se deja de practicarlo.  Por ello, el sujeto, ofuscado por el objeto de su adicción, llega a perder interés por otro tipo de conductas que anteriormente le resultaban satisfactorias.

Clasificación de las Adicciones Psicológicas:  Juego patológico.  Adicción a las compras.  Adicción al trabajo.  Adicción al sexo.  Adicción a la comida.  Adicción a internet.  Adicción al ejercicio físico.  Adicción al celular”.

SOCIEDAD ESPAÑOLA DE TOXICOMANÍAS.  Tratado SET de Trastornos Adictivos.  (2006).  España.

Clasificación de las Sustancias Psicoactivas

“Las sustancias psicoactivas se pueden clasificar de diversas maneras:

  • Origen de la sustancia: naturales o sintéticas.
  • Estructura química.
  • Acción farmacológica
  • Carácter legal o ilegal.
  • Carga adictiva: duras o blandas.
  • Riesgos para la salud: más toxicas o menos toxicas.

A continuación presentamos una clasificación basada en los efectos que producen las drogas sobre el Sistema Nervioso Central (SNC) :

DEPRESORAS:
Atenúan o inhiben los mecanismos cerebrales de la vigilia y pueden provocar, dependiendo de la dosis administrada, diferentes grados de inactivación (relajación, sedación, somnolencia, sueño, anestesia e incluso coma): o Alcohol, Barbitúricos, Benzodiacepinas, Derivados del cannabis o marihuana, GHB, Heroína, Metadona, Popper, Sustancias volátiles, Opiaceos.

ESTIMULANTES:
Sustancias que producen sensación de euforia y bienestar, aumento de la energía y del nivel de actividad motriz, estimulación del sistema cardiovascular, disminución de la sensación de fatiga, del sueño y del apetito: Anfetaminas, cocaína, crack, xantinas (cafeína, teína, cacao), nicotina, drogas de síntesis (éxtasis).

ALUCINÓGENOS O PERTURBADORES:
Son sustancias que alteran el estado de conciencia y la percepción de la realidad, provocando extrañas sensaciones, ilusiones y alucinaciones visuales, auditivas y táctiles: Derivados del cannabis, drogas de síntesis, LSD, PCP, Sustancias volátiles”.

Todo este capítulo arriba “Clasificación de las Sustancias Psicoactivas” fue extraído de la Introducción de las guías del curso:  Redformemos Mediadores Sociales de la Universidad de Antioquia, Corporación Surgir y Ajuntament de Valencia.  (2013)

Las sustancias psicoactivas actúan de diversas maneras sobre el sistema nervioso central, lugar biológico donde residen las funciones superiores del hombre como son la mente, la conciencia, el pensamiento, los sentimientos, las emociones, la percepción, las sensaciones, los actos, los impulsos, el aprendizaje, la memoria, la atención, el lenguaje y entre otros.

¿QUÉ RAZÓN DE SER HAY EN EL CONSUMIR O EN EL SEGUIR CONSUMIENDO DROGAS?, SÍ DESTRUYE NUESTRA MAYOR RIQUEZA, LO QUE NOS PERMITE SER SERES HUMANOS EN EVOLUCIÓN CONTINUA: EL SISTEMA NERVIOSO CENTRAL.

Circuito de la Recompensa o del Refuerzo.

Sistema o circuito nervioso que genera procesos cerebrales primarios, impulsivos o instintivos que contribuyen a la supervivencia, a través de mecanismos que llevan a los organismos de manera natural a la búsqueda de bebida, alimento, pareja o sexo; creando satisfacción placentera cuando se consiguen y consumen, asociándose a recuerdos y deseos que invitan a repetir la acción.

Este circuito es el sistema mesolímbico cortical dopaminérgico que permite la estimulación de los centros o núcleos de la gratificación o el placer dejando recuerdos en las memorias, que llevan después a estos mismos núcleos a que el organismo busque el objeto de gratificación para repetir la acción y revivir la experiencia.  Si, por ejemplo, tengo hambre, voy a un restaurante y degusto un plato que lo sentí como súper exquisito (como nunca antes lo había degustado), esa experiencia queda guardada en mi memoria y las probabilidades de volver a consumir ese plato, en ese mismo comedor son bastante altas.  Si vuelvo a hacerlo y repetirlo varias veces más, estoy reforzando la conducta, así el alimento placentero es considerado una recompensa y un reforzador natural.  Las adicciones químicas y las psicológicas funcionan de manera parecida, los objetos gratificantes de las adicciones como las sustancias psicoactivas, el dinero en el juego o la suplantación de la identidad en los celulares se convierten así en recompensa y en reforzadores artificiales que tienden a sustituir a los naturales.

Camino hacìa la Adicción.

La adicción no es un evento, es un proceso.

“La adicción es un aprendizaje con recompensa que se hace patológico y acaba arruinando el proyecto de vida de la persona afectada, generando problemas a quienes le rodean.  El consumo de SPA, los juegos y la suplantación de la identidad en internet, se apropian del circuito de recompensa, elaborando un condicionamiento que llega a afectar al funcionamiento y a la estructura cerebral”.   Universidad de Navarra  –  Video el cerebro adicto.   https://www.youtube.com/watch?v=uLJVlNdluDw   España 2012.

Camino a la adicción

Un proceso que generalmente se inicia con eventos muy placenteros, que al recordarse despiertan deseos que invitan a repetirlos.  Al repetir y volver a repetir varias veces, se engancha, instaurándose así el hábito que origina las conductas adictivas; se inicia un aprendizaje con recompensa.  De seguir repitiendo y reforzando el comportamiento aprendido, en las condiciones naturales del organismo se generan cambios neuroadaptativos: la bioquímica celular se altera, la anatomía y la función cerebral también; aparece ahora la necesidad de aumentar la dosis y la frecuencia para pretender experimentar los efectos iniciales, pero cada vez se alejan más, hay que seguir aumentando las cantidades, se abusa así de los comportamientos adictivos; cuando se abusa se alterna entre momentos placenteros y desagradables, con la tendencia al aumento de estos últimos, que empeoran con la aparición de problemas, las personas sanas que rodean al consumidor rechazan su conducta, ahora, tiene que mentir, manipular y buscar estrategias para costearse su consumo.  De seguir consumiendo a pesar de los inconvenientes, la vida va perdiendo su sentido, los roles habituales dejan de serlo, la regular o poca funcionalidad va desapareciendo; solo se vive para consumir y se consume para vivir, se ingieren grandes cantidades y se pasa a adicciones más fuertes, a policonsumos; se instauró la adicción dependencia; son tantos los problemas, que el adicto no encuentra la salida, el suicidio lento en vida se fragua, allá al final del camino, se vislumbra la calle, la cárcel, el hospital, las enfermedades psiquiátricas o el cementerio.  Pero en cualquier momento, la Recuperación es la salidaSi se puede salir y cambiar el rumbo de la Existencia.

Pasos en el camino hacia la Adicción:

1A FASE. EXPERIMENTACIÓN
Sucede en los primeros contactos con la sustancia de abuso, si la persona que experimenta, vive en medio ambiente que le es hostil o tiene predisposición a las adicciones, favorecerá el enganche en el consumo de droga, es posible que la persona busque en ella un escape a su realidad o se sienta atraído por la búsqueda del placer.

2A FASE. USO
Aquí hay control aparente sobre la sustancia consumida. En esta fase la persona no le ve ningún problema aparente al modo de utilizar la sustancia, la utiliza para contactos sociales y disfruta de sus efectos.

3A FASE. ABUSO
Aquí se pierde el control sobre la sustancia. La persona la y la usa para propósitos específicos, necesita comprarla, es en esta fase donde aparece la abstinencia y la necesidad de aumentar la dosis y la frecuencia para pretender experimentar los efectos iniciales. En la medida en que el abusador va avanzando en su consumo progresivo, va deteriorando sus roles sociales, el descontrol personal se va haciendo más fuerte y los consumos cada vez más riesgosos y crónicos, pasando a sustancias más duras. En el consumo se va dejando de experimentar placer, se consume para evitar la abstinencia y para evadir el sin numero de problemas que esta fase conlleva.

4ª FASE. ADICCIÓN DEPENDENCIA
Aquí se pierde el control sobre la vida. Se vive para consumir y se consume para vivir. Las sustancias psicoactivas se convierten en el centro de la vida del consumidor, lo demás queda relegado. En esta fase son tantos los problemas que tiene el adicto, que ve como única solución su muerte, aquí ocurren las sobredosis, los intentos de suicidio, el máximo deterioro físico, mental y moral, su nivel de conciencia queda reducido y los trastornos mentales se desarrollan de una manera marcada.

Otras características de las Adicciones.

LA ADICCIÓN ES UN SÍNTOMA DE UN DESORDEN DE LA PERSONALIDAD.
Las dificultades internas, los asuntos pendientes o no resueltos, las personalidades inmaduras pueden generar adicciones. En los tratamientos primero se ataca el síntoma, el comportamiento adictivo y después lo que lo causa. Primero se aprende a dejar de consumir, después a vivir sanamente en proceso continuo de crecimiento y desarrollo personal.

Adicción como síntoma

LA ADICCIÓN AFECTA LAS DIMENSIONES FÍSICA O BIOLÓGICA, PSICOLÓGICA, SOCIAL Y ESPIRITUAL:
Las sustancias ingeridas o la práctica de cualquier comportamiento adictivo llegan al cuerpo físico.
De ahí provocan sus efectos y consecuencias en la dimensión psicológica alterando las emociones, percepciones, el pensamiento y la conducta.
Estas manifestaciones terminan afectando a quienes conforman el grupo social del adicto.
La dimensión espiritual no se puede manifestar, ya que su dimensión psicológica está bloqueada, ahí surgen los vacios existenciales que hacen que se pierda el sentido de vida.

Dimensiones del ser humano

LA ADICCIÓN ES UN MECANISMO MAL ADAPTATIVO ANTE LA VIDA:
Quien decide consumir y se engancha es porque le encuentra significados beneficiosos a ese comportamiento. La adicción es como un estilo de vivir, como una forma de adaptarse a la vida, que por lo placentero en principio puede resultar adaptativo, pero a futuro termina convirtiéndose en problemático.
Cuando un consumidor aprende que las sustancias psicoactivas son el medio ideal para cambiar de maneras rápidas sus estados emocionales (“estoy deprimido, me meto un ………. y enseguida me subo”; “estoy aburrido, me meto un ………. y enseguida me entono”), adquiere un aprendizaje distorsionado de la vida misma, que al final cobra su precio: la autodestrucción.

LA ADICCIÓN TIENDE A SER UNA ENFERMEDAD INCURABLE, QUE SOLO SE PUEDE DETENER Y SE CARACTERIZA POR LOS ALTOS ÍNDICES DE RECAÍDA:
Dadas las características de esta enfermedad crónica y progresiva del cerebro, que afecta todas las dimensiones humanas; donde la bioquímica, anatomía y funciones cerebrales se alteran generando graves consecuencias y trastornos; donde las circunstancias exteriores pueden evocar recuerdos que activen los deseos aun después de años sin consumir; hacen de esta, una enfermedad de difícil manejo, donde, estadísticamente, la mayoría de personas que se someten a programas para su superación recaen y diversos programas la consideran como enfermedad incurable que solo se puede detener. Las consideraciones anteriores, hacen que quienes se quieran recuperar deban asumir sus programas con la mayor seriedad existencial. No soy culpable de la enfermedad, pero si puedo asumir mi recuperación y de eso Yo soy responsable.

 

Trastornos Adictivos y relacionados con el consumo de Sustancias Psicoactivas.

Trastorno:
Se entiende como la alteración en el funcionamiento de un organismo o de una parte de él o en el equilibrio psíquico o mental de una persona.

Síndrome:
Conjunto de síntomas que se presentan juntos y son característicos de una enfermedad o de un cuadro patológico determinado provocado, en ocasiones, por la concurrencia de más de una enfermedad.

Síntoma:
Alteración del organismo que pone de manifiesto la existencia de una enfermedad y sirve para determinar su naturaleza.

– ICD-10 (International Statistical Classification of Diseases and Related Health Problems) CIE-10 (Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y Problemas de Salud Relacionados) de la Organización Mundial de la Salud y
– DSM-V (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) de la Asociación Psiquiátrica Americana;
Las 2 anteriores son las guías internacionales que permiten clasificar y diagnosticar las diferentes enfermedades y dificultades en la salud mental.

“La característica esencial del trastorno por consumo de sustancias es la asociación de síntomas cognitivos, comportamentales y fisiológicos que indican que la persona continúa consumiendo la sustancia a pesar de los problemas significativos relacionados con dicha sustancia.”   DSM-V

“Una particularidad importante del trastorno por consumo de sustancias es el cambio subyacente en los circuitos cerebrales que persiste tras la desintoxicación y que acontece especialmente en las personas con trastornos graves.  Los efectos comportamentales de estos cambios cerebrales se muestran en las recaídas repetidas y en el deseo intenso de consumo cuando la persona se expone a estímulos relacionados con la droga.  Las aproximaciones terapéuticas a largo plazo son beneficiosas para estos efectos persistentes de las drogas.” DSM-V

“Patrones de Comportamiento relacionados con el Consumo de Sustancias Psicoactivas.

Globalmente, el diagnóstico de trastorno por consumo de sustancias se basa en un patrón patológico de comportamientos relacionados con el consumo de sustancias, así:

Control deficitario o pobre autocontrol:  La persona consume grandes cantidades de sustancia o lo hace durante un tiempo más prolongado del previsto.  La persona expresa deseos insistentes de dejar o de regular su consumo y relata múltiples esfuerzos fallidos por disminuir o abandonar éste.  La persona invierte una gran parte de su tiempo intentando conseguir la sustancia, consumiéndola o recuperándose de sus efectos.  En los casos más graves es posible que las actividades diarias de la persona giren en torno a la sustancia. Existe un deseo intenso de consumo manifestado por un ansia y una urgencia en cualquier momento, aunque es más probable que aparezca en aquellos ambientes en los que la persona ha conseguido o consumido la sustancia anteriormente. Este deseo intenso de consumo se atribuye al condicionamiento clásico y se asocia a la activación de las estructuras cerebrales específicas del sistema de recompensa.

Deterioro social:  El consumo recurrente de sustancias puede conllevar el incumplimiento de los deberes fundamentales en los ámbitos académico, laboral o doméstico.  La persona podría seguir consumiendo a pesar de tener problemas recurrentes o persistentes en la esfera social o interpersonal causados o exacerbados por los efectos del consumo.  Se reducen o abandonan importantes actividades sociales, ocupacionales o recreativas debido al consumo de sustancias.  La persona puede descuidar o abandonar las actividades familiares y las aficiones a causa del consumo.

Consumo de riesgo de la sustancia:  Puede producirse un consumo recurrente de la sustancia incluso en aquellas situaciones en las que ésta provoca un riesgo físico.  La persona consume de forma continuada a pesar de saber que padece un problema físico o psicológico recurrente o persistente que probablemente se puede originar o exacerbar por dicho consumo.  El punto clave a la hora de valorar este criterio no es tanto la existencia del problema como el fracaso de la persona en evitar el consumo a pesar de las complicaciones que le provoca.

Farmacológicos:  La tolerancia se define como el aumento significativo de las dosis de la sustancia para conseguir los efectos deseados, o como una reducción notable del efecto cuando se consume la dosis habitual. El grado en que se desarrolla tolerancia varía en cada persona, además de para cada sustancia, e incluye una diversidad de efectos sobre el sistema nervioso central.  Por ejemplo, la tolerancia para la depresión respiratoria, la coordinación motriz y la sedación se puede desarrollar en diferentes grados, dependiendo de la sustancia.  Por otra parte, también se podría discernir entre tolerancia y variabilidad individual por la sensibilidad inicial a los efectos de una sustancia en particular.  Por ejemplo, algunas personas que beben alcohol por primera vez muestran poca evidencia de intoxicación después de tres o cuatro copas, mientras que otras, con un peso y unos antecedentes de consumo similares, presentan un discurso disártrico (dificultad para articular sonidos y palabras) y falta de coordinación.

Trastornos inducidos por sustancias.

La categoría general de trastornos inducidos por sustancias incluye la intoxicación, la abstinencia y otros trastornos mentales inducidos por sustancias/medicamentos (p. ej., el trastorno psicótico inducido por sustancias, el trastorno depresivo inducido por sustancias).

Intoxicación.

La característica esencial de la Intoxicación se refiere al desarrollo de un síndrome específico y reversible debido a la ingesta reciente de la sustancia.  Los cambios significativos problemáticos a nivel comportamental o psicológico, asociados a la intoxicación (p. ej., la beligerancia, la labilidad emocional, el juicio deteriorado), se atribuyen a los efectos fisiológicos de la sustancia sobre el sistema nervioso central, los cuales se desarrollan durante o al poco tiempo tras el consumo.  La intoxicación es frecuente en las personas con un trastorno por consumo de sustancias, pero puede aparecer en las personas sin dicho trastorno.

Los cambios más frecuentes en la intoxicación conllevan alteraciones de la percepción, de la vigilia, de la atención, del pensamiento, del razonamiento, de la conducta psicomotora y del comportamiento interpersonal.  Las intoxicaciones a corto plazo o “agudas” pueden presentarse con diferentes signos y síntomas, que aquellas continuadas o “crónicas”.  Por ejemplo, las dosis moderadas de cocaína pueden producir inicialmente sociabilidad, pero si esas dosis se ingieren durante días o semanas, puede aparecer aislamiento social.

La intoxicación puede persistir más tiempo del que la sustancia es detectable en el cuerpo.  Esto se debe a los efectos permanentes sobre el sistema nervioso central, cuya recuperación lleva más tiempo que la eliminación de la sustancia.

Abstinencia.

La abstinencia es un síndrome que ocurre cuando disminuyen las concentraciones de la sustancia en la sangre o los tejidos en una persona que ha sido una gran consumidora de manera prolongada.  Es probable que la persona consuma la sustancia para aliviar los síntomas que produce la abstinencia.  Estos síntomas difieren enormemente según la clase de sustancia, por lo que se han descrito conjuntos de criterios diferentes para cada droga.  Los signos de abstinencia del alcohol, los opiáceos, los sedantes, los hipnóticos y los ansiolíticos son frecuentes y acentuados, y se pueden evaluar de una manera sencilla.  Los signos y síntomas de los estimulantes (las anfetaminas y la cocaína), del tabaco y del cannabis también son frecuentes pero no tan marcados.  En cuanto a la fenciclidina, otros alucinógenos y los inhalantes, no se ha descrito en los humanos la existencia de una abstinencia significativa tras su consumo repetido.  El síndrome de abstinencia produce malestar o un deterioro clínicamente significativo en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.

Trastornos mentales inducidos por sustancias/medicamentos

Los trastornos mentales inducidos por sustancias/medicamentos son síndromes potencialmente graves y frecuentemente temporales, aunque algunas veces son persistentes, que se desarrollan como consecuencia de los efectos del abuso de sustancias, de medicamentos o de algunas toxinas.  La alteración se presenta en forma de síntomas clínicamente significativos asociados a un trastorno mental relevante.  Los trastornos mentales inducidos por sustancias medicamentos son:  Trastorno psicótico.  Trastorno bipolar. Trastorno depresivo. Trastorno de ansiedad. Trastornos del sueño. Disfunciones sexuales.  Delirium. Trastorno obsesivo compulsivo. Trastornos neurocognitivos.

Trastorno por consumo de sustancia (alcoholismo, por marihuana, por cocaína etc.)”

La totalidad del capítulo Trastornos Adictivos y relacionados con el consumo de  Sustancias Psicoactivas fue extraido del libro ASOCIACIÓN AMÉRICANA DE PSIQUIATRÍA.  Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales “DSM V”.  (2013).  USA.

Necesidad de Tratamiento para las Drogadicciones.

“La drogadicción es una enfermedad compleja, caracterizada por el deseo vehemente, la búsqueda y el consumo compulsivo y en ocasiones incontrolable de drogas, que persisten a pesar de las consecuencias extremadamente negativas.

Muchas personas no se dan cuenta de que la adicción es una enfermedad del cerebro.  Si bien el camino a la drogadicción comienza con el acto de consumir la droga, con el tiempo la habilidad de la persona para poder tomar la decisión de no consumirla queda comprometida, y la búsqueda y el consumo de la droga se vuelven compulsivos. Esta conducta es en gran parte el resultado de los efectos  que tiene la exposición prolongada a la droga en el funcionamiento del cerebro. La adicción afecta diversos circuitos del cerebro, entre ellos, los relacionados con la gratificación y la motivación, el aprendizaje y la memoria, y el control sobre las inhibiciones que afectan el comportamiento.  Algunas personas son más vulnerables que otras a volverse adictas, según su estructura genética, edad de exposición inicial a las drogas, otras influencias ambientales y la interacción de todos estos factores.

A menudo la adicción implica no solamente la necesidad compulsiva de consumir la droga, sino también consecuencias que conllevan grandes repercusiones.  Por ejemplo, el abuso de drogas y la adicción aumentan el riesgo de desarrollar muchas otras enfermedades mentales y físicas asociadas a una manera de vivir marcada por el abuso de drogas o los efectos tóxicos de las mismas.  Asimismo, hay comportamientos disfuncionales muy diversos que pueden derivarse del abuso de drogas e interferir con el desempeño normal del adicto en la familia, el trabajo y la sociedad en general.

Como el abuso de drogas tiene tantas dimensiones y altera tantos aspectos de la vida de la persona, el tratamiento no es sencillo. Los programas de tratamiento eficaces suelen incorporar muchos componentes, cada uno dirigido a un aspecto particular de la enfermedad y sus consecuencias. El tratamiento para la adicción debe ayudar al toxicómano a dejar de usar las drogas, a mantener un estilo de vida libre de las mismas y a lograr un funcionamiento productivo enla familia, el trabajo y la sociedad.  Puesto que la adicción es una enfermedad, los usuarios simplemente no pueden dejar de consumir drogas por unos días y curarse.  La mayoría de los pacientes requieren cuidados a largo plazo o ciclos repetidos de tratamiento para lograr la meta final de abstinencia sostenida y recuperación de sus vidas.

La investigación científica y la práctica clínica han demostrado el valor de continuar los cuidados en el tratamiento de la adicción, con una variedad de enfoques que han sido probados e integrados en entornos residenciales y comunitarios.”

Todo este capítulo “Necesidad de Tratamiento para las Drogadicciones” fue extraído de la Introducción del libro: VOLKOW N.  (2010).  Principios de tratamientos para la drogadicción.  Una guía basada en las investigaciones.  NIDA.  USA.

GUÍA EN PDF:  La información en esta entrada se constituye en una guía para inducir o iniciar procesos de superación de las adicciones.  Puede bajarla con cuestionario adjunto en:   Guía para proceso inicial de superación de la adicciones

VÍDEO:  El 5 de noviembre de 2016, Franciasco Daza se realizó la conferencia “Una mirada al ser humano y sus adicciones desde las neurociencias” , invitado por la Asociaciòn Red de Facilitadores Terapéuticos del Caribe, en la realización del Curso Facilitador de Comunidad Terapéutica dictado por el SENA.  Ver vìdeo completo en:   Conferencia: una Visión del Ser Humano y sus Adicciones